AHORA
Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Cultura

La Pestilencia cierra 40 años de ruido, memoria y calle en Medellín

La banda tocará este lunes 12 de octubre en el Estadio Cincuentenario, en un concierto especial con cerca de 50 músicos de la Red de Escuelas de Música de Medellín. El adiós marca el final de una forma de hacer música que nació entre violencia, disciplina y trabajo independiente.
Imagen generada con IA
lunes 12 de octubre de 2026

La escena lo dice todo. La Pestilencia se despedirá de los escenarios en Medellín tras 40 años de carrera, con un concierto este lunes 12 de octubre a las 7:40 p.m. en el Estadio Cincuentenario, dentro del Festival Altavoz. La presentación será especial: durará un poco más que las demás y contará con cerca de 50 músicos de la Red de Escuelas de Música de Medellín para llevar un par de canciones al formato sinfónico.

El segundo adiós será en Bogotá, el 28 de noviembre. Con eso se cerrará una gira de despedida que, por lo que cuenta la propia banda, también funciona como cierre de una época. La Pestilencia no apareció en un entorno amable ni en una escena cómoda. Nació hace 40 años, antes de las plataformas y las redes sociales, en un país marcado por el horror y la desesperanza.

Dilson, líder de la banda, recuerda ese origen con una imagen dura y directa: «No era un tema de noticias, realmente caminabas sobre la muerte, sobre la desesperanza, ¿a quién no le tocó ver un muchacho abaleado en la esquina de la casa? Caminabas pensando: «¿qué va a ser de mí en el futuro? No hay futuro»». En esa frase está buena parte del ADN del grupo: la música como testimonio de una realidad que no se podía maquillar.

Carlos Marín, guitarrista de la banda, lo resume desde otra orilla, también sentado frente a la mesa de conversación en un hotel de Medellín: «Toda esa generación se empezó a identificar muchísimo con las letras de la banda, yo recuerdo que en mi colegio hasta los pelaos fresas cantaban las canciones porque se identificaban con todo lo que estaba pasando en el país, el dolor, la violencia, todo eso está narrado en las canciones. La Pestilencia es la historia del país».

Los discos recorren esa memoria con títulos que no dejan espacio para la ambigüedad. En 1989 publicaron su primer trabajo, La Muerte Un Compromiso De Todos. Luego vinieron Las Nuevas Aventuras De... La Pestilencia (1993), El Amarillista (1997), Balística (2000), Productos Desaparecidos (2005), Paranormal (2011) y País de Titulares (2018). Hay un disco en proceso: la música ya está lista, pero las letras todavía no.

Ahí aparece el otro giro de la historia. Dilson dice que escribir hoy supone una dificultad distinta: «En Colombia hay gente a la que no le interesa el cambio, que le interesa todavía la guerra, el narcotráfico, la guerrilla, el paramilitarismo. Seguimos arraigados a esa violencia, entonces cuando voy a escribir, siento que voy a repetir letras del año 86. Ahí entramos en ese conflicto de no querer repetirnos en ese mismo discurso, porque ya lo dijimos demasiado claro en las canciones».

La banda no solo se despide por cansancio o por desgaste, sino porque cree que «ya todo está dicho». Aun así, ninguno de sus integrantes presenta el cierre como una desaparición absoluta. Habrá otros proyectos y una familiaridad que permanece entre ellos. La música seguirá, aunque por otras rutas.

También cambia el motor. La banda contrasta el pasado con un presente en el que la música ya no nace de la calle y la desesperanza, sino de las plataformas, las redes y la ilusión que generan. Es una idea de futuro construida a través de las pantallas. La comparación no es menor: en el relato de La Pestilencia, la tecnología no reemplaza solo un canal de difusión; reemplaza una relación con el país.

Marín lo dice sin dramatismo, pero con la claridad de quien ha vivido esa carrera desde adentro: «Nosotros no hemos tenido una carrera fácil. Nunca hemos sido de los músicos que se pueden dedicar sólo a la música, cada uno tiene sus trabajos independientes, nos toca hacer cosas por los lados, pero la música te da unas satisfacciones que no te da nada más».

Ese dato también ayuda a leer el desenlace. La Pestilencia no se despidió desde la comodidad de una industria estable, sino desde una trayectoria levantada a pulso, con oficios paralelos y una disciplina que ellos mismos ponen al centro. Tras 40 años, dicen que lo más importante para hacer música no es no tener miedo, sino precisamente sostener la disciplina, la persistencia y la voluntad de decir algo.

Dilson lo dejó como una especie de consejo y también como una declaración de principios: «Hagan música con criterio, con letras que digan cosas, que muevan el piso, que aterricen un poco al país y al planeta en el cual vivimos».

Para entender el presente hay que volver a esa semana. La despedida de La Pestilencia no es solo la clausura de una banda de rock pesado; es el cierre de una forma de contar el país desde la rabia, la calle y la memoria. En tiempos de plataformas y algoritmos, el valor de una banda así no está en la nostalgia, sino en que recordó durante cuatro décadas que la cultura también puede mirar de frente la violencia y negarse a suavizarla.

Y ahí está el punto que importa. Cuando una escena musical se rinde ante lo inmediato, gana la industria del ruido fácil. Cuando una banda insiste en letras con criterio, gana el oyente que todavía busca sustancia. La despedida de La Pestilencia deja una lección incómoda para el mercado cultural: no toda permanencia se mide en tendencias, y no toda relevancia cabe en una pantalla.

Más de Cultura