Para entender el presente hay que volver a esa pregunta, formulada no por un economista ni por un senador de oposición, sino por el Papa León XIV en su encíclica Magnifica humanitas, publicada en mayo pasado: ¿qué debemos construir, una torre de Babel o la muralla de Nehemías?
El documento, dedicado a la inteligencia artificial y a la protección de la persona en la era digital, fue fechado 135 años exactos después de que León XIII publicara Rerum novarum, la respuesta de la Iglesia a la Revolución Industrial. El paralelismo es deliberado: lo que aquella fue para las fábricas, esta quiere serlo para los algoritmos.
La encíclica no condena la tecnología. Al contrario, reconoce que puede «curar, conectar, educar». Su advertencia apunta a otro flanco: todo sistema de medición lleva decisiones ocultas, y lo que ignora importa tanto como lo que registra. El Papa propone, con una sencillez que incomoda, que así como el PIB deja fuera aspectos esenciales del bienestar, los países necesitan métricas complementarias que capturen lo que el volumen no ve.
Nadie en las conferencias mañaneras de Palacio Nacional parece haber leído ese párrafo.
Cada semana el gobierno federal presenta una numeralia del sector salud: millones de consultas y cirugías con la estrategia 2-30-100 del IMSS, superación de metas en el ISSSTE, entrega de medicamentos en las «rutas de la salud» del IMSS Bienestar, construcción de nuevos hospitales. Detrás de esas cifras hay realidades valiosas, y sería deshonesto negarlo: una cirugía adelantada mejora la vida de un paciente; recuperar procedimientos tras el colapso pandémico es un logro real.
Pero la numeralia mediática es, exactamente como lo describe la encíclica respecto al PIB, una métrica ciega.
¿Ciega a qué? A lo que el propio sistema reporta cuando se le pregunta por transparencia y no por conferencia. Según información publicada por El Universal el 14 de abril de 2025, el IMSS dejó sin surtir más de 4.5 millones de recetas en 2024. El gasto de bolsillo de las familias creció más de 40% entre 2018 y 2024, según la ENIGH 2024 del INEGI, con los hogares de menores ingresos empobreciéndose para comprar las medicinas que la receta prometía. Y 44.5 millones de mexicanos —uno de cada tres— permanecen sin acceso efectivo a servicios de salud.
Los detalles cuentan la historia. La Revista Médica del IMSS (2023, Vol. 61, núm. 3) documentó que la consulta de medicina familiar dura en promedio 12 minutos. La Revista CONAMED (2026, Vol. 31, núm. 1) calificó ese dato como «síntoma franco de un colapso estructural».
La escena lo dice todo: en noviembre pasado, durante su comparecencia, el director del IMSS respondió a testimonios de recetas rechazadas con la frase «lo que se ve muchas veces se magnifica». La encíclica describe ese choque con precisión quirúrgica: la estadística usada para desacreditar la experiencia. El documento pontificio propone lo contrario: «asumir la mirada de las víctimas», mirar el sistema «desde abajo, con los ojos de quien sufre, no con la óptica de los potentes».
Nada de esto exige abandonar la numeralia. Exige completarla. Que junto a las cirugías se publiquen, con la misma jerarquía mediática, los minutos reales de consulta, los reingresos por complicaciones, el trato digno reportado por los usuarios y el agotamiento del personal de salud. Nehemías también contaba, recuerda la encíclica. El pecado no es contar; es que la cifra sustituya al rostro humano.
La lectura de Hemisferio es esta: el aparato estatal mexicano ha convertido la numeralia en un instrumento de legitimación política, no de rendición de cuentas. Cuando el gasto de bolsillo sube 40% mientras el gobierno celebra récords de consultas, lo que falla no es la estadística: es el modelo. Un sistema que concentra la oferta de salud en manos del Estado sin mecanismos independientes de verificación produce exactamente eso: torres de Babel que impresionan desde lejos y dejan a millones con las manos vacías en la farmacia. La encíclica de León XIV no es un documento de política sanitaria, pero su criterio final debería estar enmarcado en cada oficina del sector: la calidad de una civilización no se mide por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer.



