La escena lo dice todo. El domingo 20 de julio, cuando Andy Burnham cruzó la puerta del 10 de Downing Street como séptimo primer ministro británico en una década, no lo hizo solo. A su derecha, Marie-France van Heel —nacida en los Países Bajos, formada en Cambridge, ejecutiva de marketing— caminaba al mismo paso. Veinticinco años de matrimonio condensados en un instante frente a las cámaras.
Los detalles cuentan la historia. Burnham y van Heel se conocieron en Cambridge, donde él cursaba Literatura Inglesa y ella, según el propio Burnham en una entrevista de 2009, era «mucho más brillante» que él. Se vieron por primera vez el día que ella llegó a la universidad. Esa misma noche, Burnham le anunció que quería ser diputado. Van Heel, según sus propias palabras en una entrevista de 2015, «abandonó la habitación». No tardaron en retomar el contacto.
El matrimonio llegó en octubre de 2000, cuando su hijo mayor, Jimmy, tenía ocho meses. El calendario era, por decirlo suavemente, exigente: Burnham libraba entonces una batalla para conseguir la candidatura parlamentaria por Leigh, en el norte de Inglaterra, con viajes constantes por la autopista M6 entre Londres y el norte. «Fue horroroso», reconoció él mismo. En 2001 obtuvo el escaño.
Durante años, van Heel construyó una carrera propia en el sector del marketing. Llegó a ejercer como directora de estrategia en la consultora Heavenly, firma que trabajó para la BBC, HSBC y la selección inglesa de rugby. Más recientemente, según la BBC, ocupa el cargo de directora de marketing en Iduna Infrastructure, empresa propietaria de una parte significativa de la red de carga de vehículos eléctricos de Mánchester.
Ese vínculo empresarial puso a prueba, durante la etapa de Burnham como alcalde del Gran Mánchester, uno de los principios más elementales del buen gobierno: la separación entre interés público e interés privado. Burnham optó por declarar los vínculos de su esposa con el sector de los vehículos eléctricos y apartarse de cualquier decisión relacionada, según recoge la fuente, «para que no pudiera existir ninguna percepción de conflicto de intereses ni ninguna sugerencia de uso indebido de información privilegiada». Un gesto que, en el clima político actual del Reino Unido, no es menor.
Para entender el presente hay que volver a esa semana de 2010. Burnham ejercía entonces como secretario de Sanidad en la sombra, tras la derrota laborista en las elecciones generales. Fue en ese período cuando hizo pública la experiencia que él y su esposa habían atravesado en silencio: van Heel se había sometido a una doble mastectomía preventiva tras descubrir que era portadora del gen del cáncer de mama, después de que su hermana Claire muriera de la enfermedad y su madre Bea y su otra hermana Louise recibieran el mismo diagnóstico. «No podrías imaginar circunstancias más crueles para cualquier familia», dijo Burnham. Van Heel describió la decisión como «liberadora», porque «levantó la nube del miedo». Desde entonces ha participado en eventos de recaudación de fondos de Cancer Research UK.
La trayectoria política de Burnham no fue una línea recta hacia Downing Street. Compitió por el liderazgo laborista en dos ocasiones sin éxito antes de presentarse sin rival este mes de julio. Fue alcalde del Gran Mánchester hasta junio pasado, cuando regresó a Westminster tras ganar la elección parcial de Makerfield. Tiene 56 años.
La anécdota del programa de citas Blind Date —van Heel participó como «elegidora» a principios de los noventa, con la bendición de Burnham, y escogió a un tal Will Harris de Surrey, quien más tarde sería director de marketing del Partido Conservador— circula en los perfiles de color como prueba de que hasta los primeros ministros tienen biografías improbables. Lo relevante, sin embargo, es lo que vino después: van Heel y Harris no encontraron química, y ella volvió con el hombre del monobrow y las aspiraciones parlamentarias.
Hemisferio observa en este perfil algo que los titulares sobre política económica o seguridad nacional tienden a oscurecer: el capital humano que sostiene a quienes gobiernan no es invisible, aunque a menudo se lo trate como decorado. Van Heel no es un accesorio de campaña. Es una ejecutiva con carrera propia, que navegó una crisis de salud de proporciones devastadoras y que, según todos los indicios, ha sido interlocutora real en las decisiones más difíciles de su marido. El Reino Unido estrena primer ministro. La mujer a su lado lleva décadas en el puesto.


