La escena lo dice todo: la tarde del lunes, en la vocería de La Moneda, el subsecretario del Interior, Máximo Pavez, se paró frente a los micrófonos con un solo objetivo, sostener al canciller en medio de la tormenta. Horas antes, el Presidente José Antonio Kast ya había hecho su parte en radio ADN, donde valoró «de manera muy positiva» el trabajo del canciller.
La ofensiva defensiva no es gratuita. La creciente tensión entre Chile y Argentina ha puesto al titular de las relaciones exteriores, el canciller Pérez Mackenna, en el centro de los cuestionamientos, tanto desde el oficialismo como desde la oposición. El reclamo político es concreto: que el canciller defienda con mayor claridad la soberanía nacional.
La oposición no se quedó en el reclamo verbal. Según reportó La Tercera, ya cuenta con las firmas necesarias para interpelar a Pérez Mackenna por el manejo de todo el episodio con Argentina. Es, en la práctica, el mecanismo parlamentario más duro disponible para exigir explicaciones a un ministro de Estado.
Pavez negó de plano la premisa que sostiene ese reclamo. «El gobierno no comparte la posición de que las relaciones exteriores con Argentina se hayan llevado de manera errática», afirmó en la vocería, en lo que fue la frase central de su defensa.
El subsecretario reconstruyó, punto por punto, la secuencia que el gobierno considera prueba de una reacción rápida y no de improvisación. Recordó la nota de protesta enviada cuando surgieron las primeras declaraciones del general Valverde, mientras el canciller se encontraba en un viaje de Estado fuera del país. «Apenas llegó a Chile, el canciller ha estado junto al Presidente, no solamente monitoreando la situación, sino que además de forma muy activa definiendo los pasos de la política exterior chilena, que ha sido clarísima», sostuvo Pavez.
Los detalles cuentan la historia que La Moneda quiere instalar: la de un Estado que responde con celeridad ante cada «mal entendido», no la de una diplomacia titubeante. «Cada vez que ha habido un intento por mal entendido o por la circunstancia que sea, la política exterior chilena ha reaccionado rápido y lo que ha significado es que los resultados están a la vista», insistió el subsecretario.
Como prueba de ese resultado, Pavez citó una declaración del gobierno argentino en la que se reconoce el respeto a los tratados internacionales referidos a la soberanía chilena en el Estrecho de Magallanes. También recordó que, la semana anterior, el propio Kast se había reunido con el presidente argentino en el Palacio de La Moneda. «Por lo tanto, el gobierno respalda la labor que ha hecho el canciller junto a su equipo de definir y expresar con total claridad la política exterior de Chile frente a Argentina», remató.
Consultado sobre si la interpelación representa una amenaza para la imagen del canciller, Pavez restó dramatismo al mecanismo. «De ninguna manera, las interpelaciones siempre son un derecho que la oposición tiene para poder consultarle a un ministro de Estado respecto de determinadas circunstancias», respondió, y agregó que también es «una oportunidad» para que Pérez Mackenna «pueda demostrar el lineamiento claro y permanente» que, según el gobierno, ha existido no solo con Argentina sino en toda la política exterior del Presidente Kast.
Para entender el presente hay que volver a esa doble secuencia del lunes: la entrevista matutina del Presidente y la vocería vespertina de su subsecretario. No es casualidad que ambos mensajes apunten en la misma dirección un día antes de que la oposición active formalmente el mecanismo de interpelación. Es, a puerta cerrada, la definición de una estrategia: no discutir episodio por episodio, sino blindar al funcionario cuestionado con la máxima autoridad disponible, la del propio Presidente.
El trasfondo de este episodio importa más allá de la coyuntura diplomática. Cuando la soberanía territorial y el manejo de la política exterior se convierten en materia de disputa doméstica, lo que está en juego no es solo la suerte de un canciller, sino la credibilidad del Estado frente a un vecino con el que Chile mantiene fronteras sensibles, entre ellas el Estrecho de Magallanes. Un gobierno que no logra transmitir firmeza en ese frente arriesga que la ambigüedad se lea, afuera y adentro, como debilidad.
La interpelación que se avecina será, en ese sentido, la prueba real. Ahí el canciller deberá explicar ante el Congreso, con nombres y fechas, lo que hasta ahora solo ha defendido su propio gobierno desde la vocería. El desenlace de ese trámite parlamentario dirá si la firmeza que reclama La Moneda resiste el escrutinio público, o si la tensión con Argentina termina costándole al gobierno de Kast algo más que un mal momento comunicacional.


