La escena lo dice todo. Mientras la mayoría de los ministerios de Ciencia de la región acumulan décadas de académicos de escritorio, Abelardo de la Espriella eligió para el cargo a una mujer cuya hoja de vida se mide en empresas creadas, no en papers publicados.
Claudia Benavides Salazar será la próxima ministra de Ciencia y Tecnología de Colombia. Nacida en Pasto y criada en Manizales, es ingeniera industrial con maestría en Creatividad e Innovación y doctorado en Competitividad y Sostenibilidad. Pero lo que distingue su currículo no son los títulos: es el rastro de lo que construyó con ellos.
Según su propio perfil profesional en LinkedIn, Benavides lleva «más de 25 años convirtiendo conocimiento en desarrollo», con experiencia en la «incubación y aceleración de más de 400 empresas de base tecnológica». Además, asegura haber acompañado a «más de 120 empresas y proyectos en modelos de innovación y de negocio, planes estratégicos y gestión del conocimiento» como asesora y consultora independiente.
Su formación internacional refuerza ese perfil de bisagra entre la academia y el mercado. Cursó estudios de Creación de Empresas de Base Tecnológica a partir de resultados de investigación y Transferencia Tecnológica en la Universidad de Cambridge; un Programa de Mentoría Empresarial en el MIT de Massachusetts; y Sistemas de Innovación en la Universidad de California. Tres instituciones, tres énfasis distintos, todos orientados al mismo objetivo: llevar el conocimiento al mundo productivo.
Gran parte de su trayectoria transcurrió en universidades y como asesora del sector público y privado. También fue directora ejecutiva de Incubar.In, una ONG de Manizales dedicada a las asesorías de desarrollo empresarial. Esa combinación —academia, empresa, territorio— es exactamente el perfil que De la Espriella prometió buscar para un ministerio que, según él mismo reconoció, ha sido «históricamente relegado» en los gobiernos del país.
El presidente electo anunció la designación bajo la premisa de que, en su mandato, la ciencia será «un motor de desarrollo nacional». Afirmó que Benavides fue «elegida entre miles de postulantes del Banco de Talentos de la Patria Milagro» y la describió como «una académica brillante, íntegra y visionaria, lista para poner la inteligencia, la innovación y el conocimiento al servicio del futuro de Colombia».
La propia futura ministra resume su convicción en una frase que publicó en LinkedIn: «Me mueve una convicción: convertir el conocimiento en oportunidades reales —empresas, empleo y desarrollo— para las regiones y para Colombia».
Los detalles cuentan la historia. La elección de Benavides no es un nombramiento técnico ordinario: es una señal de dirección. Durante el gobierno de Gustavo Petro, MinCiencias operó bajo una lógica de ciencia como bien social y soberanía tecnológica estatal, con énfasis en lo público y lo comunitario. El perfil de la nueva ministra apunta en sentido opuesto: transferencia tecnológica al mercado, incubación de empresas privadas, instrumentos financieros para la innovación, competitividad territorial.
Para el libre mercado colombiano, eso representa una oportunidad concreta. Una cartera que históricamente distribuyó recursos de regalías con criterios más políticos que productivos podría, bajo este liderazgo, reorientar esos flujos hacia empresas de base tecnológica con capacidad real de escalar. El riesgo, como siempre en Colombia, es que la institucionalidad no acompañe la voluntad del ministro de turno. Pero el punto de partida —alguien que conoce la trastienda de crear empresas desde cero— es, al menos, distinto.



