Mientras en Colombia crecía la controversia por el viaje a París de la primera dama, Ana Lucía Pineda, las artesanías de La Guajira entraron en la agenda internacional de la Semana de la Moda, realizada entre el 28 de septiembre y el 6 de octubre. La escena lo dice todo: un viaje convertido en discusión política y, al mismo tiempo, una vitrina para la artesanía wayúu.
La presencia del departamento estuvo vinculada al proyecto Territorios Vivos y a una articulación con la Asociación de Primeras Damas de Colombia, Asodamas, que decidió incluir a ese territorio en la programación. Según Sara Daza, gestora social de La Guajira, la inclusión no fue una decisión unilateral de la Gobernación.
«La participación de La Guajira en París surgió a partir de la articulación con Asodamas, organización que tomó la decisión de incluir a nuestro departamento dentro de esta agenda internacional», señaló Daza a EL COLOMBIANO.
El viaje de Pineda, esposa del presidente Abelardo De la Espriella, terminó en el centro del debate político por la forma en que se financiaron sus gastos y por el contraste entre su presencia en eventos de moda en Francia y la atención que todavía demandaba la emergencia provocada por el terremoto del 10 de agosto de 2026. El senador Alejandro Ocampo, del Pacto Histórico, presentó un derecho de petición ante el Departamento Administrativo de la Presidencia, Dapre, para conocer quién pagó tiquetes, alojamiento, alimentación, transporte y otros gastos de la primera dama.
Pineda respondió públicamente que asumió los costos con recursos propios. «Pagué todo con recursos propios. Puedo ir a París y a donde quiera en el mundo con mi plata», aseguró.
En medio de ese ruido político se produjo la participación de las artesanas guajiras. Daza explicó que el esquema de financiación del viaje, en torno a las artesanías wayúu, se estructuró mediante un modelo de articulación entre el sector público, el sector privado y organizaciones sociales.
Por el lado institucional, el proceso fue liderado por la gestora social de La Guajira a través de la Casa del Artesano, en alianza con Asodamas, entidad que coordinó e incluyó al departamento en la agenda internacional. También participaron organizaciones privadas y comunitarias ya vinculadas a proyectos en el territorio.
La delegación guajira estuvo representada por Lays Carolina Móvil, vinculada a la Casa del Artesano de La Guajira. También participó Angélica De Luque, del taller artesanal Conchita Iguarán, con respaldo financiero y logístico de la Fundación Argos, según explicó la gestora social.
Ese componente privado fue, para Daza, una parte importante de la historia detrás del viaje. «La apuesta por llevar la artesanía guajira a escenarios internacionales no fue únicamente institucional», sostuvo. Según explicó, la selección estuvo ligada a los procesos que esas organizaciones ya adelantaban en el territorio y a la intención de mostrar en París diferentes técnicas y expresiones de la identidad artesanal del departamento.
Una de las piezas que terminó en el centro de la muestra fue la mochila «Latidos de Woumain (Latidos de nuestra tierra)», presentada dentro de Territorios Vivos, iniciativa cuya curaduría estuvo guiada por la diseñadora Manuela Álvarez. La mochila fue elaborada completamente a mano mediante la técnica de crochet por la maestra artesana Carmen Gámez, con diseño y dirección creativa de Lays Carolina Móvil Gámez, empresaria, diseñadora y gestora cultural indígena del pueblo wayúu, perteneciente al clan Apshana.
Lays Carolina Móvil Gámez es fundadora de la marca ALEWASHI, que significa «Unidos» en español. El diseño de la mochila incorporó elementos de la flora y la fauna guajira, entre ellos los flamencos, el cardenal guajiro y el cardón.
Daza considera que allí estuvo uno de los mensajes principales de la participación guajira: demostrar que los saberes ancestrales pueden entrar en circuitos internacionales de la moda sin desprenderse de su origen. Para las artesanas, la vitrina parisina no se agotó en la pasarela; implicó explicar el sentido de sus piezas y el valor del trabajo manual detrás de cada una.
El fondo de la historia es más amplio que una foto en París. Hay un viaje que despertó preguntas sobre recursos, gastos y prioridades del poder, y hay una operación cultural que buscó abrir mercado, visibilidad y conexiones para las comunidades wayúu. Ambos planos convivieron en la misma semana, y el desenlace quedó marcado por esa tensión.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Cuando el dinero público, el financiamiento privado y la representación institucional se cruzan sin demasiada claridad, la exigencia de cuentas no es un capricho: es una condición básica de confianza. Y cuando una primera dama entra al centro de la escena, el escrutinio aumenta porque la frontera entre promoción, diplomacia social y gasto del Estado debe estar nítidamente trazada.
La Guajira obtuvo una plataforma internacional; el gobierno, en cambio, quedó obligado a explicar con precisión qué se pagó, quién lo pagó y bajo qué reglas. Los detalles cuentan la historia. En tiempos de desconfianza, no basta con estar en París: también hay que responder con transparencia.


