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La fe en el centro del poder

Abelardo de la Espriella reunió a su gabinete en un retiro espiritual antes de la posesión, con oración, Biblias y alabanzas. El gesto reaviva el debate sobre laicidad, pero también revela la arquitectura moral de un gobierno que llega con convicciones propias.
Imagen ilustrativa
martes 4 de agosto de 2026

La escena lo dice todo.

A pocos días de asumir la Presidencia de Colombia, Abelardo de la Espriella convocó por primera vez a los ministros y altos funcionarios de su gabinete a un retiro espiritual en el Colegio Marymount, en el corregimiento de Sabanilla, en Puerto Colombia, Atlántico. Las imágenes que el propio presidente electo y varios de sus futuros ministros difundieron en redes mostraron a los asistentes orando con las manos extendidas, de rodillas y con la frente en el piso, participando en dinámicas de alabanza. Cada integrante recibió una Biblia y una libreta de apuntes con la imagen gráfica del movimiento político Defensores de la Patria.

En sus redes sociales, De la Espriella resumió la convicción que, según ha expresado desde su campaña, orientará su forma de gobernar: «Para construir una gran Nación hay que poner a Dios en el centro de cada decisión». No es una frase de ocasión. Durante los meses previos a las elecciones, el presidente electo habló en repetidas ocasiones sobre su conversión religiosa, explicó que años atrás era ateo y sostuvo que ese proceso transformó su manera de entender el liderazgo público.

El vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, escribió tras el retiro que el propósito del encuentro fue «poner en manos de Dios la vida del presidente Abelardo de la Espriella» y pedir sabiduría para el nuevo gobierno. Restrepo tiene un historial documentado en este terreno: ha participado en grupos de oración vinculados a comunidades católicas, ha colaborado en iniciativas de formación para matrimonios y ha acompañado a parejas en dificultades familiares, una labor pastoral que desarrolló públicamente antes de integrar la fórmula presidencial.

El gabinete no es uniforme en su credo. Jaime Andrés Beltrán, exalcalde de Bucaramanga y designado ministro de Vivienda, es cristiano evangélico. El día del retiro escribió: «Solo quienes logran entender la trascendencia que tiene el mundo espiritual en el desarrollo de un gobierno saben lo importante que es encomendarle y entregarle a Dios las decisiones». La designada ministra de las Culturas, Paola Holguín, publicó en sus redes una imagen de la Biblia recibida en el retiro acompañada de una frase atribuida a George Washington: «Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia».

Lo que se mostró en los videos es, según la fuente que cubrió el evento, una práctica de catolicismo carismático, corriente que incorpora elementos de los cristianos evangélicos como largas sesiones de alabanza y oración expresiva. La Renovación Católica Carismática ha sido señalada como el movimiento de referencia de algunos integrantes del gabinete y del propio presidente electo.

La presencia de la fe en la política colombiana no es novedad. Desde comienzos del siglo XXI, distintos presidentes mantuvieron vínculos con sectores cristianos y católicos. Durante los gobiernos de Álvaro Uribe fue frecuente la cercanía con iglesias y comunidades católicas. Casi todos los presidentes de ese período, con excepción de Gustavo Petro, pasaron por la Misión Carismática Internacional de Bogotá, pastoreada por César y Claudia Castellanos. El voto creyente ha sido un factor electoral de peso para la derecha colombiana.

Sin embargo, según la fuente consultada, es la primera vez en veintiséis años que un mandatario se muestra de forma tan directamente confesional, lo que genera escepticismo en sectores que recuerdan que Colombia es un Estado laico. La pregunta que circula en redes y en corredores políticos es directa: ¿se gobernará desde principios bíblicos o desde los principios constitucionales?

Para entender el presente hay que volver a esa semana.

Lo que el retiro de Sabanilla revela no es solo la fe personal de un presidente, sino la arquitectura de valores que pretende sostener a un gobierno que llega como alternativa explícita al ciclo petrista. Colombia necesitaba un cambio de rumbo; la pregunta legítima es si ese rumbo se traza con brújula institucional o con inspiración pastoral. La respuesta no tiene por qué ser excluyente: la historia de Occidente está llena de estadistas cuya fe personal no colisionó con el Estado de derecho, sino que lo reforzó. Lo que sí está claro es que Abelardo de la Espriella llega con convicciones propias, un gabinete que las comparte y la voluntad de no ocultarlas. En un país que pasó cuatro años bajo un gobierno que tampoco ocultó las suyas —solo que apuntaban en dirección contraria—, eso es, al menos, coherencia.

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