La escena se repitió durante una semana en ocho estados: un dirigente sentado frente a vecinos que hablaban menos de política y más de apagones, sueldos y escuelas sin maestros. Ese fue el terreno donde Edinson Ferrer, vicepresidente nacional de Primero Justicia (PJ), construyó la propuesta que presentó esta semana: colocar el fortalecimiento de la familia en el centro de la reconstrucción de Venezuela.
Ferrer sostuvo que el proceso político del país ya está en marcha. «Ya está caminando un proceso de negociación promovido por EE UU y adelantado por la Asamblea Nacional 2015 que busca reinstitucionalizar el país para conducirnos a unas elecciones presidenciales donde votemos y llevemos a María Corina Machado a la victoria», afirmó. A partir de ese escenario, el dirigente planteó que la agenda de reconstrucción no puede limitarse a las instituciones: debe llegar hasta la mesa de cada casa venezolana.
«Estoy convencido de que, si nuestras familias tienen calidad de vida, podrán desarrollarse sanamente», dijo Ferrer, quien añadió que «cada uno de nosotros debemos prepararnos para la Venezuela que queremos vivir y que se parezca a nosotros».
Los detalles cuentan la historia mejor que cualquier discurso. Para Ferrer, el bienestar familiar está atado a tres variables muy concretas: servicios públicos, ingresos y educación. Puso como ejemplo el suministro eléctrico: un servicio estable, argumentó, permitiría a las familias recuperar espacios de convivencia que hoy pierden por los cortes de luz.
Sobre los ingresos, el dirigente señaló que los salarios de padres y madres deben alcanzar para cubrir las necesidades básicas de los hijos, condición que consideró necesaria para el desarrollo de las nuevas generaciones. En cuanto a la educación, defendió recuperar escuelas y garantizar espacios seguros de aprendizaje, además de una mejor remuneración para los maestros, a quienes describió no solo como educadores de aula sino como acompañantes en el fortalecimiento de valores familiares.
Ferrer también propuso sumar a los sectores religiosos del país a esta discusión. «Nos planteamos reunirnos con todas las religiones presentes en el país para que podamos tener un plan conjunto de fortalecimiento de los valores familiares. Si nuestras familias están sanas y crecen sanas, nuestra Venezuela crecerá sana, más humana y vivible para todos», expresó.
La trastienda de estas declaraciones es un recorrido de campo llamado Venezuela Propone, con el que Primero Justicia buscó recoger directamente en las comunidades las principales demandas ciudadanas. Ferrer visitó Anzoátegui, Carabobo, Aragua, Caracas, Miranda, Cojedes, Lara y Barinas, donde sostuvo reuniones con estructuras regionales y municipales del partido y encuentros comunitarios.
De esos encuentros surgieron los problemas que, según el propio dirigente, definen la vida cotidiana en buena parte del país: fallas del servicio eléctrico, dificultades en la vialidad agrícola, deterioro de los servicios públicos y bajos ingresos de los trabajadores, en particular de los educadores. Ferrer subrayó que estas carencias tienen efectos que van más allá de lo económico: la pérdida de tiempo para compartir en familia y el deterioro de valores, dijo, también deberán atenderse en una eventual etapa de reconstrucción.
Las propuestas recogidas en el recorrido serán organizadas por áreas temáticas. Los planteamientos vinculados a las mesas de diálogo se remitirán a la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional de 2015, mientras que las relacionadas con servicios públicos y condiciones socioeconómicas se incorporarán a la plataforma de gestión que PJ propone para la reconstrucción del país.
Para entender el presente hay que volver a esa semana de recorridos, cuando un partido de oposición decidió que la agenda de la posguerra política venezolana no se escribe solo en actas de negociación, sino también en la factura de la luz y en el sueldo de un maestro. Es una apuesta que coloca al hogar, y no únicamente al Estado, como unidad de reconstrucción: una familia con ingresos propios, con luz estable y con escuelas funcionando depende menos de la dádiva pública y más de su propia capacidad de sostenerse.
Hay en ese planteamiento un eco de valores que trascienden la coyuntura venezolana: la idea de que ninguna reinstitucionalización es completa si no restaura primero el núcleo donde se transmiten el trabajo, la fe y la responsabilidad. Que la propuesta llegue de la mano de una convocatoria a las iglesias del país, y no de un nuevo programa estatal, dice tanto del diagnóstico de PJ sobre el colapso de los servicios públicos como de su apuesta por reconstruir Venezuela desde la sociedad civil hacia arriba, no al revés.



