Silicon Valley vive una paradoja que la trastienda ya no puede esconder: la misma ola de inteligencia artificial que atrae capital récord está golpeando a los trabajadores que antes sostenían el negocio tecnológico. La escena lo dice todo. En un momento en que el valle recibió 92.000 millones de dólares de capital de riesgo el año pasado, 83% de ese dinero para empresas de IA, también perdió 13.100 empleos, según el índice 2026 de Joint Venture Silicon Valley.
Para muchos de los protagonistas de esta historia, el giro fue brutal. Ex programadores, científicos de datos y trabajadores con doctorados describen un mercado en el que los salarios de 310.000 a 340.000 dólares quedaron atrás y ahora toca tirar de ahorros o del sueldo de la pareja para seguir viviendo en la Bahía de San Francisco. Basem Istanbouli, ex empleado de Google, dijo que, si no fuera por su pareja, «no habría podido seguir en el Área de la Bahía». Ese dato resume el nuevo orden: ingresos que parecían blindados se han vuelto frágiles de la noche a la mañana.
La presión no se limita a un solo caso. Según datos de Indeed, las vacantes de software en todo Estados Unidos están 23% por debajo de su nivel previo a la pandemia. A eso se suman 116.175 despidos atribuidos por empleadores a la IA este año, de acuerdo con la firma Challenger, Gray & Christmas. Oracle, por su parte, despedirá a 441 trabajadores en Redwood City, Santa Clara y Pleasanton el 13 de noviembre, según registros estatales de empleo, y su informe anual mostró que su plantilla cayó en 21.000 personas, o casi 13%, algo que la empresa vinculó con la «adopción y despliegue de tecnologías de IA en nuestras operaciones».
Los detalles cuentan la historia. Un ex científico de aprendizaje automático de Amazon, con doctorado, contó que envió 120 solicitudes en dos meses y no recibió una sola oferta. Otro trabajador con un posgrado, Yang Jin, dijo que buscó empleo durante meses sin éxito y ahora está en casa con sus hijos mientras aprende a construir aplicaciones de IA. Su marido, Xingtao Zhao, dejó Google tras más de 10 años como ingeniero de software, pasó por entre 10 y 20 entrevistas y tampoco consiguió colocación. Hoy trabaja tiempo completo en operaciones cuantitativas de bolsa y busca empleo a tiempo parcial.
Esa es la cara visible de una reordenación más profunda. Mientras Anthropic y OpenAI preparan salidas a bolsa de valor billonario y los cofundadores de Anthropic tenían cada uno 15.500 millones de dólares en papel en mayo, según Forbes, el mercado laboral de base se estrecha. Analistas citados por The Post señalan que el auge y los despidos están conectados: construir IA es caro, así que las empresas recortan costos en otras áreas para financiarla.
En el centro de esa tensión aparece una lección incómoda para la industria: la tecnología que promete productividad también está reduciendo la necesidad de mano de obra humana en varios frentes. Yang dijo que el trabajo de laboratorio se automatiza y que «los brazos robóticos ya están aquí», por lo que hacen falta menos personas. Zhao, por su parte, admitió que incluso en el mundo del trading cuantitativo el software está atrayendo a más competidores y reduciendo la ventaja de cada uno.
Frente a ese panorama, algunos trabajadores intentan reconstruir comunidad fuera de la empresa. Istanbouli creó un grupo informal para caminatas y café llamado «(un)PTO», que pasó de tres personas a 1.783 miembros en menos de un año, en su mayoría trabajadores tecnológicos sin empleo. Es un síntoma de época: cuando el trabajo deja de ser ancla, también se fractura la red social que lo rodeaba.
Para el lector, el mensaje es claro. El auge de la IA no es una fiesta universal; está concentrando riqueza en la cima mientras traslada el costo humano hacia abajo. Cuando el capital fluye hacia unas pocas firmas y los despidos se aceleran, el precio lo termina pagando el trabajador, no la narrativa triunfalista del sector.
Y ahí está el principio en juego: la libre empresa funciona cuando crea más oportunidades de las que destruye, no cuando convierte a profesionales altamente calificados en solicitantes permanentes de empleo. Si la revolución de la IA quiere sostenerse, tendrá que demostrar que puede generar empleo real, no solo valor en papel para unos pocos ejecutivos y fondos de inversión.


