La escena lo dice todo. Un ministro del gobierno Petro felicitando públicamente a la designada por su sucesor, reconociendo que durante meses ha dependido de su información y de su colaboración. Eso ocurrió el lunes, cuando Edwin Palma publicó en su cuenta de X un mensaje inusual en la política colombiana: un traspaso de mando que, al menos en el sector energético, parece más una carrera de relevos que una ruptura.
Palma afirmó que María Nohemí Arboleda «lleva años al frente de la administración del mercado de energía eléctrica» y que «sabe y conoce muy bien los retos que enfrenta el sistema». Añadió que durante 2026, desde su despacho, han contado «con su ayuda, articulación, colaboración y cooperación», y que «la información y monitoreo desde XM siempre son y han sido útiles». El ministro saliente incluso expresó el deseo de conversar con ella antes del cambio de gobierno para coordinar, entre otras cosas, el mantenimiento de la regasificadora Spec.
El perfil de Arboleda explica ese reconocimiento. Ingeniera electricista de la Universidad Nacional de Colombia, con posgrado en transmisión y distribución eléctrica de la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín, lleva desde 2016 como gerente general de XM, la empresa que opera el Sistema Interconectado Nacional y administra el mercado mayorista de energía. Su trayectoria supera las tres décadas en el sector. También lidera Cigré Colombia y es representante técnica regional de Eriac.
Abelardo de la Espriella subrayó precisamente ese historial al presentarla: «Ella es una verdadera nunca, nunca había estado en política». Para un presidente electo que ha prometido romper con las lógicas del aparato burocrático, la ausencia de carrera política no es un déficit sino una credencial. El mandatario declaró que con Arboleda conformarán «un equipo de excelencia para enfrentar el riesgo real de desabastecimiento energético que heredamos del mal manejo del gobierno anterior».
Los desafíos que esperan a la nueva ministra son concretos y urgentes. El sector arrastra problemas de seguridad en el suministro, tensiones tarifarias —especialmente en la región Caribe—, incertidumbre en el abastecimiento de gas y la pregunta sin responder sobre la exploración de hidrocarburos, limitada durante años por una política que priorizó la transición verde. Palma mencionó en su mensaje las 53 medidas trazadas para enfrentar el fenómeno de El Niño, cuya construcción, según él, Arboleda conoce de primera mano.
De la Espriella ha fijado cuatro ejes para el próximo periodo ministerial: promoción de energías limpias, ajuste en los precios para los usuarios, fortalecimiento de la confianza de los inversionistas y atención a los problemas tarifarios en el Caribe. La combinación no es sencilla: modernizar la matriz energética sin sacrificar la estabilidad del suministro ni encarecer aún más la factura de los hogares colombianos.
Los detalles cuentan la historia. Que el propio ministro de Petro reconozca públicamente la utilidad de la futura ministra no es un gesto menor; es el reconocimiento implícito de que la gestión técnica de XM funcionó como un ancla en medio de una política energética que generó más incertidumbre que certezas para los inversionistas del sector.
Para Hemisferio, el nombramiento de Arboleda ilustra una apuesta que vale la pena registrar: cuando un gobierno elige a un experto sin deuda política para manejar un ministerio estratégico, la señal que envía a los mercados y a los operadores del sector es distinta a la de un cuadro ideológico. Colombia necesita inversión privada en generación y transmisión; necesita reglas claras para la exploración de gas; necesita que las tarifas reflejen costos reales sin destruir el bolsillo de los más vulnerables. Ninguna de esas tareas se resuelve con retórica. Se resuelven con ingeniería, con contratos respetados y con un Estado que no espante el capital. Arboleda llega con las credenciales técnicas. El reto es que el gobierno de De la Espriella le dé también el respaldo político para usarlas.



