La escena lo dice todo. El índice que pondera 24 variables de la economía chilena cerró junio en el cuadrante «bien, pero empeorando» por segundo mes consecutivo, según el Barómetro de la Economía del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Andrés Bello (Unab). La buena noticia —relativa— es que el deterioro perdió intensidad: la proporción de variables en situación de empeoramiento cayó desde 58% en mayo hasta 38% en junio.
Pero los detalles cuentan la historia. De las 24 variables analizadas, el 58% se posicionó en alguna de las tres categorías positivas y el 42% restante en las negativas. Dentro del bloque negativo, seis variables quedaron agrupadas en el cuadrante más crítico, «mal y empeorando»: el desempleo, el Imacec, la confianza empresarial, el dólar, la tasa promedio de crédito de consumo y el Índice de Avisos Laborales en Internet.
Ese último dato merece atención. El Índice de Avisos Laborales en Internet —termómetro de la demanda de trabajo del sector privado— permanece en terreno negativo y en deterioro, lo mismo que la creación de empleos y la tasa de ocupación, que al menos dejaron de empeorar y se estabilizaron en «mal y sin cambios». Para los hogares chilenos, la diferencia entre «empeorando» y «sin cambios» es, en el mejor de los casos, un alivio de semántica.
Los tres subíndices que componen el barómetro también registraron caídas intermensuales. El de expectativas pasó de 34,9 a 30,2 puntos; el de macroeconomía, de 8,3 a 5,7; y el de situación de los consumidores, de 17,3 a 11,5. Los tres se mantienen en el cuadrante «bien, pero empeorando», lo que significa que todavía no se cruza la línea hacia territorio negativo neto, pero la dirección del movimiento no invita al optimismo.
Hubo señales mixtas en el frente macroeconómico. Las exportaciones mejoraron su clasificación, pasando de «bien, pero empeorando» a «bien y mejorando», y la inversión extranjera directa —que venía en caída— transitó hacia «mal, pero mejorando». Sin embargo, tanto el tipo de cambio como el Imacec retrocedieron hacia «mal y empeorando», neutralizando parte de esa mejora.
En el lado del consumidor, la inflación fue el movimiento positivo más destacado del período: pasó de «bien, pero empeorando» a «bien y mejorando», junto con los deudores morosos. La contracara fue la tasa promedio de crédito de consumo, que cruzó hacia «mal y empeorando», encareciendo el acceso al crédito para las familias justo cuando el mercado laboral no termina de recuperarse.
Francisca Adasme, investigadora del Instituto Unab de Políticas Públicas, lo resume con precisión quirúrgica: «Lo relevante de junio no es que la economía haya dejado de retroceder, sino que el deterioro que veníamos arrastrando desde mayo comienza a perder fuerza». Y añade la advertencia que el dato solo insinúa: «Lo que ocurra en la segunda mitad del año dependerá de si estas mejoras logran extenderse al mercado laboral y a los hogares».
El movimiento más simbólico del período fue, quizás, el de la confianza empresarial: transitó de «bien, pero empeorando» directamente a «mal y empeorando». Cuando los empresarios dejan de confiar en el entorno, la inversión no tarda en seguirles el paso.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Lo que el Barómetro Unab fotografía no es una crisis, sino algo quizás más difícil de gestionar políticamente: un estancamiento de baja intensidad que se vuelve crónico. La inflación cede, las exportaciones aguantan, el cobre sostiene el tipo —y sin embargo el empleo no arranca, el crédito se encarece y la confianza empresarial se hunde. Ese es el patrón clásico de una economía a la que el aparato regulatorio y la incertidumbre de política pública le quitan el oxígeno justo cuando más lo necesita. El desafío no es técnico; es de señales. Y las señales que emite el entorno institucional chileno no están, por ahora, del lado de quien quiere invertir y contratar.



