Barbie Simons volvió sobre una herida familiar y sobre una decisión que cambió su vida. Durante su paso por _La noche de Mirtha_, contó que emigró a Estados Unidos a los 15 años, después de la muerte de su padre, Leonardo Simons, y explicó que aquella salida de la Argentina fue también un intento de empezar de nuevo junto con su madre y su hermana.
La escena lo dice todo. En una mesa donde se hablaba de jóvenes argentinos que buscan oportunidades en otros países, Simons tomó la palabra para matizar la imagen brillante que suele acompañar al llamado «sueño americano». «La gente tiene muy idealizado, sobre todo, el sueño americano», señaló, tras contar que vivió 15 años en Estados Unidos y que una carrera exitosa no borra las dificultades de vivir lejos del lugar de origen.
«Es difícil ser inmigrante y estar en una tierra que no es tuya», dijo. La frase resumió el corazón de su relato: el desarraigo como costo de una mudanza que, en su caso, no fue solo laboral ni académica, sino atravesada por una tragedia familiar.
Simons recordó que su hermana se había instalado en Estados Unidos cinco meses antes para estudiar en la universidad. Ella decidió seguirla. «Yo quería estar cerca de ella», explicó. Después añadió un dato decisivo: las circunstancias de la muerte de su padre y lo que ocurrió posteriormente pesaron en la decisión de la familia de dejar el país. «El periodismo en su momento fue... fueron difíciles las circunstancias en las cuales falleció mi papá», expresó.
A partir de ese momento, Barbie, su hermana y su madre buscaron «empezar una vida nueva» en un lugar que ya conocían de algún modo. «Sentí que queríamos empezar una vida nueva y la mejor manera de hacerlo fue en un lugar que más o menos conocía, con mi hermana», dijo. También contó que su madre las acompañó en ese proceso.
Leonardo Simons murió el 15 de octubre de 1996, a los 49 años. Según la información disponible, se quitó la vida al arrojarse desde el piso 13 del edificio ubicado en avenida Córdoba 1367, donde funcionaba su productora. Barbie tenía entonces 15 años.
En su recuerdo también apareció la distancia entre la imagen idealizada y la experiencia concreta. «Tuve una carrera increíble en Estados Unidos», aseguró, pero enseguida insistió en que la percepción del exterior suele ser más amable que la realidad de quienes viven lejos de su país. El contraste, en su relato, no pasa por negar oportunidades sino por admitir que la movilidad también impone sacrificios.
Leonardo Simons, por su parte, fue uno de los conductores más populares de la televisión argentina durante las décadas del 80 y 90. Nació el 1° de septiembre de 1947 en Villa Crespo, trabajó desde muy joven como vendedor ambulante y en la fiambrería de su padre, y luego se acercó al espectáculo como animador de fiestas en barrios porteños.
Después de terminar el colegio, se anotó al mismo tiempo en Ingeniería y en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica para estudiar locución. Su debut en televisión llegó en 1969, en _La campaña de cristal_, un ciclo benéfico emitido por Canal 13. Más tarde pasó más de dos décadas en Canal 9, donde participó en _Música en libertad_ y condujo _Sábados continuados_, _Domingos para la juventud_ y _Sábados de la bondad_.
El punto más alto de su carrera fue _Finalísima_, que comenzó en 1985, llegó a alcanzar 45 puntos de rating y con el tiempo incorporó segmentos de humor hasta convertirse en _Finalísima del humor_. En 1993 dejó Canal 9 y pasó a Telefe para ponerse al frente de _Ta Te Show_. Tres años después, el 15 de octubre de 1996, terminó con su vida.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El testimonio de Simons no solo revive una pérdida íntima: también expone el precio humano de las migraciones que muchas veces se celebran como si fueran una solución automática. La libertad de irse existe, pero no elimina el duelo, la separación ni la incertidumbre que acompañan a quien debe reconstruirse desde cero.
Los detalles cuentan la historia. En este caso, la historia no es la de una promesa sin costos, sino la de una familia que eligió moverse para sobrevivir emocionalmente y rehacer su vida. Y ahí aparece la lectura de fondo: el progreso personal puede depender de la iniciativa individual, pero nunca conviene venderlo como un mito inmune al dolor.



