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La DC cumple 69 años con un plan de refundación desde las regiones

El nuevo presidente del partido, Álvaro Ortiz, presentó una hoja de ruta para reconectar con la ciudadanía y preparar candidaturas de cara al ciclo electoral 2026-2028. La apuesta llega desde el Biobío, no desde Santiago.
Imagen ilustrativa
domingo 2 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. En el acto de aniversario número 69 de la Democracia Cristiana, el hombre que encabeza la colectividad no era un dirigente capitalino. Álvaro Ortiz llegó desde la Región del Biobío, y ese dato geográfico fue el primero que puso sobre la mesa.

«Por primera vez en muchos años, la conducción nacional surge desde las regiones, desde la Región del Biobío», afirmó Ortiz ante los militantes reunidos este sábado. La frase no fue un adorno retórico: estructuró todo lo que vino después.

El presidente de la DC delineó un plan de trabajo para el período 2026-2028 articulado en cuatro ejes. El primero y más urgente es electoral: preparar al partido con tiempo y recursos para disputar alcaldías, concejalías, consejerías regionales y gobernaciones. Para eso, Ortiz anunció «la creación de un mapa electoral por región y un programa riguroso de búsqueda y de formación de candidaturas».

El segundo eje es comunicacional. La directiva reconoce, implícitamente, que la DC ha perdido presencia en el debate público. La respuesta es el diseño de una estrategia institucional que, según Ortiz, «permitirá mejorar la gestión de medios, redes sociales y nuestra comunicación interna para acercar nuevamente a la Democracia Cristiana a la ciudadanía, de manera clara y directa».

El tercer y cuarto ejes giran en torno al regionalismo y a la apertura interna. «Chile no se construye única y exclusivamente desde la Región Metropolitana, sino que desde cada territorio, desde cada comuna y desde cada comunidad», sostuvo el timonel. Y fue más lejos: «La descentralización no puede ser solo un discurso, debe reflejarse en la forma en que organizamos nuestro partido y en la manera en que tomamos decisiones».

El marco ideológico que Ortiz eligió para envolverlo todo fue el humanismo cristiano. El objetivo declarado del plan es «reconectar con Chile desde el humanismo cristiano y adecuar el partido a los tiempos actuales».

Los detalles cuentan la historia. Una colectividad que durante décadas fue protagonista del sistema político chileno —gobierno, oposición, transición— llega a su séptima década con una directiva que reconoce la distancia acumulada con la ciudadanía y la necesidad de reconstruir desde la periferia del poder territorial, no desde su centro tradicional.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. La DC no gobierna, no lidera las encuestas y no define la agenda. Su espacio en el tablero político está comprimido entre una izquierda que ocupa La Moneda y una derecha que aspira a recuperarla. En ese contexto, el giro regionalista de Ortiz es al mismo tiempo un diagnóstico y una apuesta: si el partido no puede ganar desde arriba, quizás pueda reconstruirse desde abajo, municipio a municipio, región a región.

Desde la línea editorial de Hemisferio, el ejercicio merece una lectura doble. Por un lado, la apuesta por la descentralización y el arraigo territorial es, en abstracto, sana para la democracia: los partidos que solo existen en Santiago terminan siendo aparatos de élite desconectados de los problemas reales de las personas. Por otro, el humanismo cristiano que invoca Ortiz tiene una larga historia de tensión con el libre mercado y la iniciativa privada —tensión que la DC no ha resuelto y que sus planes de trabajo raramente abordan con franqueza. La pregunta que el partido no respondió este sábado es cuál es su propuesta económica concreta para los territorios que dice querer representar. Un mapa electoral y una estrategia de redes sociales son instrumentos; sin contenido de fondo, son solo logística.

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