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La confesión de Taichu que cerró la gira de Rosalía en Buenos Aires

En el último show de la gira LUX en el Movistar Arena, la trapera argentina subió al «Confesionario» y relató ante miles de espectadores la historia de una infidelidad descubierta gracias a su manicurista.
Imagen ilustrativa
viernes 7 de agosto de 2026

La escena lo dice todo.

Cuarta noche, último show. El Movistar Arena de Buenos Aires aún no había procesado lo que se venía cuando Rosalía llamó al escenario a Taichu, cantante y trapera argentina, para ocupar el lugar que durante las noches previas habían tenido Ángela Torres, Lali Espósito y La Joaqui. El espacio se llama «Confesionario» y es una parada fija de la gira LUX: una invitada, una anécdota íntima y, al final, la canción «La Perla».

Taichu llegó con historia propia.

«Yo hace tres o cuatro años estaba saliendo con un cordobés divino, un diamante. Un amor el tipo», arrancó ante el público, generando la reacción inmediata de Rosalía: «Hasta aquí yo no entiendo qué pudo haber salido mal». La sala se partió en dos: los que ya intuían el giro y los que todavía creían en el cordobés.

El relato avanzó con la cadencia de quien ha contado la historia suficientes veces como para saber exactamente dónde están las risas. Un día, dijo Taichu, se cruzó con alguien distinto. «Lo miré y dije he is completely my type. Sabía que era una red flag viva pero bueno, una, ciega». La primera semana, el nuevo personaje la llamaba «mi amor». La segunda semana ya vivía en su casa. «Muy intensa la cosa», admitió.

Luego vino el momento central. Taichu se fue de gira y le dejó su casa —y su gata— al hombre. Cuando volvió, trajo regalos. Y encontró ropa que no era suya.

La pregunta que Taichu le lanzó a Rosalía fue directa: ¿cuál sería la peor prenda ajena que podría aparecer en su hogar? «Una tanga», respondió la catalana sin dudar. «¡Bingo!», celebró Taichu. El público estalló.

Lo que siguió fue, según la propia artista, una pirueta de manual. «El loco me la dio vuelta como un campeón, me dijo que una amiga vino a mi casa unos días, o que podía ser de la novia de un amigo que un día se quedó. Yo, ingenua, me la creo. Ciega». El humor con el que Taichu narró su propia credulidad fue, quizás, el momento más aplaudido del bloque.

El desenlace llegó desde un lugar inesperado. «Me voy a hacer las uñas un día y mi manicurista me cuenta que tenía una clienta que conocía mi casa, mi gato, mi cama, mi ropa». La clienta, claro, no había sido invitada por Taichu. «¿Cómo, si yo no la invité? Claro, debe haber sido mi perla», cerró la artista.

Rosalía acompañó cada curva del relato sin romper el ritmo, intervino con humor y remató con la frase que funcionó como bisagra perfecta hacia la canción: «Él era un diamante, pero preferiste quedarte con la perla». Con esa línea arrancó el tema que da nombre al segmento.

Para entender el presente hay que volver a esa semana.

Las cuatro noches del «Confesionario» en Buenos Aires construyeron algo que pocas giras logran: un espacio donde la música cede brevemente el protagonismo a la conversación, y la conversación termina haciendo más grande a la música. Torres, Espósito, La Joaqui y Taichu compartieron el mismo formato y produjeron cuatro momentos distintos. El de Taichu fue el que cerró el ciclo, y lo hizo con la herramienta más antigua del entretenimiento en vivo: una buena historia, contada a tiempo.

Los detalles cuentan la historia. El «Confesionario» no es un segmento menor ni un relleno entre canciones; es, en términos de producción de experiencia, uno de los activos más inteligentes de la gira LUX. Rosalía entendió que el vínculo con el público latinoamericano se construye también desde la intimidad compartida, y eligió para cada noche a una voz local capaz de sostener ese intercambio sin guión visible. Que la última noche haya cerrado con una historia sobre una tanga encontrada en casa propia dice algo sobre el tono que la artista quiso dejar en Buenos Aires: cercano, sin poses y, sobre todo, memorable.

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