La escena lo dice todo. En el programa Desde la Redacción de La Tercera, el diputado Diego Vergara —Partido Republicano, exalcalde de Paine— no esperó que le preguntaran: él mismo abrió el mapa y empezó a trazar líneas.
«A mí me encantaría que, a lo mejor, estuviéramos en una coalición grande, o sea, los libertarios, hoy día lo que son Chile Vamos, juntos, en un solo bloque, y a lo mejor PDG, ¿por qué no?», planteó el parlamentario. La frase es más que un deseo: es un diagnóstico sobre lo que, a su juicio, le falta al oficialismo del presidente José Antonio Kast para gobernar con comodidad.
El argumento de la estabilidad
Vergara no apeló a la ideología sino a la aritmética política. «Una coalición grande y una coalición estable genera estabilidad país, genera estabilidad a la gobernanza», subrayó. En ese razonamiento, el tamaño del bloque no es un fin en sí mismo, sino el instrumento para que un gobierno pueda operar sin depender de negociaciones caso a caso en cada votación relevante.
El obstáculo más visible es el Partido de la Gente. Su líder, Franco Parisi, ha descartado públicamente esa opción. Vergara lo reconoció, pero lo relativizó: «La política es tan cambiante, me ha tocado ver tantas cosas en plazos que no son largos». Su apuesta concreta pasa por la diputada Pamela Jiles, con quien asegura mantener «una muy buena relación»: «Ella ha tenido siempre una claridad de que quiere apuntar a mejorar las condiciones del país, y Pamela Jiles conversa».
Kast en Cerro Castillo
La entrevista llegó en un momento de ruido interno. El senador Manuel José Osandón, de Renovación Nacional, había pedido públicamente que Kast ejerciera un liderazgo más duro sobre el bloque. Vergara discrepó. Contó que en la reunión de esta semana en Cerro Castillo con el Partido Republicano vio al presidente «muy firme» y «dando directrices». «Se tiene que sentir el gobierno de José Antonio, y eso lo vi muy positivo», dijo.
También bajó el perfil a otras fricciones recientes. Sobre la decisión del Partido Republicano y RN de no respaldar el proyecto de reparación por violencia «intercultural y territorial» que impulsaba el Ejecutivo, respondió escueto: «No lo veo complicado». Respecto al proyecto del Partido Nacional Libertario que busca un indulto general para uniformados condenados por hechos del estallido social, Vergara dijo ser partidario de revisar «caso a caso», pero advirtió que el proyecto de los libertarios «se debe estudiar».
La Contraloría y la disciplina institucional
El pasaje más revelador de la entrevista no fue el de la gran coalición, sino el que involucró a su propio partido. El presidente del Partido Republicano, senador Arturo Squella, había apuntado contra la Contraloría General de la República —encabezada por Dorothy Pérez— acusándola de excederse en sus atribuciones tras el informe sobre la exministra de Seguridad, Trinidad Steinert.
Vergara se desmarcó con precisión quirúrgica. «Bajo mi punto de vista, a la Contraloría hay que hacerle caso», afirmó. Y añadió algo que habla de su formación como alcalde: «Tengo una naturaleza de alcalde, con la Contraloría encima los 365 días del año. Hay que aprender que la Contraloría es la que marca la cancha y frente a eso yo acato». «Aunque no me guste el fallo, yo soy más disciplinado en el sentido que acato», cerró.
Los detalles cuentan la historia. En esa distancia entre Squella y Vergara sobre el rol de la Contraloría se ve algo más que una diferencia de estilo: es la tensión entre quienes entienden el poder del Estado como un recurso a disputar y quienes lo entienden como un marco de reglas al que también el oficialismo debe someterse.
Lo que está en juego
Para entender el presente hay que volver a esa semana. A cien días de gobierno, el oficialismo de Kast enfrenta la pregunta que todo bloque gobernante debe responder pronto: ¿se amplía o se consolida? Vergara apuesta por lo primero. Su lógica es la del mercado político: más oferta de aliados, más capacidad de negociar desde una posición sólida, menos dependencia de votos que hoy se consiguen uno a uno.
El principio que subyace es simple y vale más allá de Chile: un gobierno que no puede predecir su mayoría no puede comprometerse con reformas de largo plazo, y sin previsibilidad no hay inversión ni confianza institucional. La gran coalición que Vergara dibuja en voz alta es, en el fondo, una apuesta por la gobernabilidad como condición del libre mercado y del Estado de derecho. Si el PDG quiere sumarse, dice él, la puerta está abierta. La política, recuerda, es tan cambiante.



