A las tres de la mañana, cuando el termómetro ya marca 30°C, Munni Devi y sus cuatro hijos cargan tomates y yacas en el mercado de verduras de Banda. La mujer de 70 años lleva años haciendo ese mismo cálculo: terminar antes de que el sol llegue a su punto máximo. «Todo el mundo siente el calor, pero por nuestras circunstancias tenemos que soportarlo», dijo a la agencia Associated Press.
La escena lo dice todo. Banda, ciudad del norte de India, se posicionó como el lugar más caluroso del planeta en siete ocasiones distintas durante 2026, según datos del climatólogo de extremos mundiales Maximiliano Herrera difundidos por The Independent. En mayo, el servicio meteorológico indio registró un pico de 48,2°C. Semanas enteras por encima de los 45 grados se han vuelto rutina.
El calor no golpea solo a las personas. Shobharam Kashyap, conservacionista local, lleva años construyendo casetas de madera para pájaros. Según AP, más de 15.000 refugios instalados por Kashyap y otros voluntarios en árboles y muros urbanos ofrecen sombra y agua a las aves en los días más críticos. «Nuestra cultura lleva mucho tiempo fomentando alimentar a las aves», explicó Kashyap, quien además coloca recipientes de barro con agua dentro y fuera de su casa.
La infraestructura básica no aguanta. Los cortes de electricidad son constantes, lo que inutiliza los ventiladores de techo en las viviendas más modestas. Devi relata que sus nietos reciben agua con una manguera para aliviar el calor porque la casa puede permanecer horas sin luz. Sin ventiladores, sin refrigeración, el único recurso es esperar.
Los hospitales absorben el impacto. El doctor Abhishek Pranayami, jefe del hospital público local, describió a AP que cada verano el número de casos vinculados al calor aumenta sin pausa. Los pasillos se llenan de pacientes con deshidratación, diarrea, vómitos y dolor abdominal. Por las tardes y noches, familiares abanican a los suyos con hojas de papel en las salas de espera.
Vendedores ambulantes y conductores de motocarro optan por seguir en la calle pese a todo. El ingreso del día no admite pausas por temperatura.
El contraste con Europa es revelador, aunque incómodo. De acuerdo con el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, junio de 2026 resultó el mes más caluroso jamás registrado en Europa occidental y el segundo a escala mundial, con una media 1,39°C por encima de los niveles preindustriales. Esa cifra generó cobertura masiva en los medios occidentales. Banda, con condiciones incomparablemente más severas, recibe escasa atención mediática, según señala el propio reportaje de AP.
Para entender el presente hay que volver a esa semana de mayo en que el termómetro rozó los 49 grados. No hubo cumbres de emergencia ni titulares globales. Hubo trabajadores cargando verduras a las tres de la madrugada y un conservacionista pintando casetas de verde porque ciertas especies prefieren ese color.
La historia de Banda es, ante todo, una historia de adaptación forzada: jornadas nocturnas, recipientes de barro, papel usado como abanico. Son soluciones individuales frente a una presión que el Estado local no logra absorber, con un suministro eléctrico que falla precisamente cuando más se necesita. Lo que queda en evidencia no es solo la severidad del clima, sino la distancia entre quienes soportan las consecuencias más duras y quienes concentran los recursos para mitigarlas. En Banda, esa distancia se mide en grados y en horas sin electricidad.


