Para entender el presente hay que volver a esa red de túneles.
Bajo las calles de El Paso existe lo que agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos describen como «una ciudad debajo de nuestra ciudad»: una extensa malla de drenajes pluviales construida originalmente para el control de inundaciones que, según las autoridades, los cárteles mexicanos continúan explotando para introducir migrantes ilegales desde México.
Fox News obtuvo acceso exclusivo y poco habitual a ese mundo subterráneo, acompañando al Equipo de Entrada a Espacios Confinados (CSET, por sus siglas en inglés) del Sector El Paso, una unidad de élite de la Patrulla Fronteriza. Lo que encontraron los reporteros fue un laberinto caluroso, oscuro y estrecho donde los niveles de oxígeno pueden caer sin previo aviso.
Según información proporcionada por la Patrulla Fronteriza a Fox News, a los traficantes y a los migrantes les toma entre 45 minutos y una hora completar el trayecto por los drenajes. El sistema subterráneo se extiende por varios kilómetros bajo la ciudad. Las autoridades identificaron 32 puntos de entrada conocidos desde el Río Grande hacia territorio estadounidense y cientos de salidas dispersas en vecindarios, parques y zonas comerciales de El Paso.
Los detalles cuentan la historia.
Jason Hartman, quien lidera el equipo CSET del Sector El Paso, señaló que uno de los mayores desafíos es precisamente dónde pueden emerger los traficantes una vez que atraviesan la red. «Hay salidas hacia escuelas, hacia escuelas primarias, donde dormimos, donde jugamos», declaró Hartman a Fox News. «En cualquier momento puedes tener traficantes o personas peligrosas saliendo en tu patio trasero, en tus parques infantiles, en las escuelas de tus hijos».
Junto a una de las entradas al sistema de drenaje, el equipo periodístico observó evidencia de cruces anteriores: herramientas, una billetera y una licencia de conducir mexicana abandonadas cerca de la entrada, objetos que los agentes señalan que migrantes y traficantes suelen dejar atrás durante el trayecto.
El precio del servicio no es menor. Según la Patrulla Fronteriza, los traficantes cobran actualmente entre 20.000 y 30.000 dólares por persona para guiar a los migrantes a través de estos espacios confinados. Una tarifa que convierte la operación en un negocio de alto rendimiento para los cárteles, incluso en un momento en que los cruces ilegales y las detenciones se encuentran en niveles históricamente bajos, según reconoció la propia Patrulla Fronteriza.
La escena lo dice todo.
Que los cárteles sigan invirtiendo en estas rutas subterráneas cuando el flujo migratorio ha caído revela la lógica implacable del crimen organizado: el negocio no desaparece con la presión política, se adapta. Los túneles no son una anomalía; son la infraestructura permanente de una industria ilegal que factura decenas de miles de dólares por cabeza.
Para Hemisferio, el dato más revelador no es el volumen de cruces sino la geografía de las salidas: escuelas primarias, parques, patios traseros. La red de drenajes de El Paso no es solo un problema de seguridad fronteriza en abstracto; es una vulnerabilidad que atraviesa literalmente el tejido urbano de una ciudad estadounidense. Cada salida no sellada es un punto ciego del aparato estatal, un recordatorio de que la soberanía territorial no se proclama, se ejerce metro a metro. Mientras los cárteles cobran 30.000 dólares por cruzar a un migrante bajo una escuela primaria, la pregunta que queda flotando en esos túneles oscuros es cuánto más tardará el Estado en cerrar cada una de esas salidas.



