La carta llegó antes de la posesión. La Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales remitió un documento formal al presidente electo Abelardo de la Espriella para ofrecerle algo que escasea en la política latinoamericana: conocimiento experto, autónomo y sin agenda partidista.
El texto, firmado por el presidente de la institución, Carlos Alberto Vargas Jiménez, no es un protocolo de cortesía. Es una propuesta de trabajo concreta que abarca desde el proceso de empalme hasta la construcción del próximo Plan Nacional de Desarrollo y el acompañamiento permanente a ministros y equipos de gobierno durante el cuatrienio.
«Los grandes desafíos que enfrenta Colombia exigen que el conocimiento científico, la educación, la innovación y el desarrollo tecnológico ocupen un lugar central en la formulación de políticas públicas y en la toma de decisiones estratégicas del Estado», señala el documento.
La institución conmemora este año nueve décadas de funcionamiento. En ese tiempo ha operado como órgano consultivo del Gobierno nacional bajo un principio que subraya con énfasis en la carta: plena independencia y autonomía intelectual. «Estos principios han orientado su labor desde su fundación y garantizan la objetividad e imparcialidad de los conceptos, estudios y recomendaciones que pone al servicio del Estado colombiano», expresa la comunicación.
La agenda que propone la academia no es estrecha. Sus comisiones especializadas cubren ciencia, tecnología e innovación; educación; biodiversidad; recursos minero-energéticos y transición energética; ambiente y cambio climático; salud; bioeconomía; recursos naturales; matemáticas; inteligencia artificial y transformación digital, además de otros campos vinculados al desarrollo sostenible y la competitividad. Es decir, prácticamente cada frente en que un gobierno toma decisiones de alto impacto.
Uno de los gestos más concretos de la carta es la invitación a De la Espriella para visitar la sede de la academia antes de su posesión presidencial. El objetivo: un diálogo directo con los académicos sobre los retos científicos, tecnológicos, educativos, ambientales, energéticos, productivos y sociales del país. «Consideramos que este encuentro podría contribuir de manera constructiva al proceso de empalme y a la definición de prioridades estratégicas para el nuevo Gobierno», indica el documento.
La propuesta de acompañamiento se extiende también a los equipos ministeriales. La academia ofrece respaldar a los ministros del gabinete en la construcción de políticas públicas sustentadas en evidencia. «Las decisiones públicas de mayor impacto se fortalecen cuando están sustentadas en evidencia, en conocimiento experto y en deliberación plural», afirma la carta.
Los detalles cuentan la historia. El contraste con los cuatro años del gobierno Petro es inevitable aunque la carta no lo mencione: una administración que gobernó con consignas ideológicas, que confrontó al sector privado y que tomó decisiones de política energética y de salud en medio de una aguda escasez de evidencia técnica. La academia no acusa; simplemente ofrece lo que faltó.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. De la Espriella llega al poder con una coalición que apostó por el orden, la inversión y la institucionalidad. Recibir a los científicos antes de la posesión no es un gesto simbólico: es una declaración de método. Gobernar con datos es también gobernar con responsabilidad frente al contribuyente, porque las políticas mal diseñadas tienen costos que pagan los ciudadanos, no los funcionarios que las firman.
La escena lo dice todo. Una academia con noventa años de rigor técnico extiende la mano a un presidente electo que aún no ha tomado posesión. La pregunta que queda abierta —y que Colombia responderá en los próximos meses— es si el nuevo gobierno tendrá la disciplina de escuchar a quienes saben, en lugar de gobernar desde la intuición o la convicción ideológica. El libre mercado, la innovación y la competitividad que De la Espriella ha prometido no se construyen sin esa base. La academia acaba de recordárselo.



