Cristian Jerónimo, uno de los tres secretarios generales de la CGT, rechazó las declaraciones que Javier Milei hizo anoche por LN+ y lo acusó de vivir «en una realidad paralela». Según el sindicalista, el Gobierno niega la caída de la economía, cuestiona los datos oficiales y presenta como éxito un escenario que, en su lectura, muestra recesión, cierre de empresas y pérdida de empleo.
La escena lo dice todo. Mientras Milei sostuvo que no hay recesión, que lo que existe es «una desaceleración del ritmo de expansión» y que en su gobierno «se crearon más de 500 mil puestos de trabajo», Jerónimo respondió con una descripción opuesta: «recesión, caída de la producción, de empleo, cierre de empresas». El dirigente afirmó que el programa económico es «de desinversión» y que genera «una apertura indiscriminada de importaciones que destruye toda nuestra matriz productiva».
El intercambio deja al descubierto una de las tensiones centrales del momento económico: el Gobierno insiste en defender sus números y el sindicalismo sostiene que esos números no reflejan el deterioro social. Milei también dijo que indicadores como el EMAE «están arrojando cualquier cosa» y puso en duda la lectura de los datos desestacionalizados, mientras Jerónimo acusó al oficialismo de construir «una falacia» cuando los números no le cierran.
En esa disputa por la realidad, el líder gremial apuntó además a la calidad del empleo. Dijo que no se crearon los puestos de trabajo que aseguró el Presidente y afirmó que hubo «una migración muy grande del sector formal al informal». También criticó el crecimiento de los trabajos de plataforma, a los que describió como estructuras saturadas que no alcanzan para toda la gente que quiere trabajar de eso.
Jerónimo pidió que el Gobierno cumpla el «nuevo convenio de la OIT» para los empleos de plataforma, aprobado en junio de este año, y sostuvo que esos trabajos deben estar regulados y contar con condiciones dignas. Para la CGT, tanto el gobierno nacional como el de la ciudad son «cómplices» de esa precarización. El dirigente también dijo que hoy se destaca el pluriempleo porque a miles de trabajadores no les alcanza ni con dos trabajos.
La CGT reunirá este martes a su mesa chica para definir su hoja de ruta para el último trimestre de 2026. Voceros sindicales descartaron activar un nuevo paro general antes de la visita del papa León XIV, prevista entre el 8 y el 11 de noviembre, aunque proyectan una protesta para fin de año.
Para entender el presente hay que volver a esa semana: la discusión ya no es solo política, sino económica y laboral. Cuando el Gobierno celebra expansión y creación de empleo, la CGT habla de recesión, informalidad y pérdida de poder de compra. En el medio quedan los contribuyentes, las empresas y los trabajadores que pagan el costo de una economía donde las partes ni siquiera coinciden en cómo nombrar lo que está pasando.
Ese desacuerdo es más que retórico. Define quién fija el marco del debate público y quién carga con las consecuencias de las decisiones. Si el oficialismo acierta, la discusión gira en torno a la velocidad del ajuste y sus resultados. Si la CGT tiene razón, el país enfrenta un deterioro más profundo, con menos empleo formal y más presión sobre la producción privada. Por ahora, el choque entre ambas versiones sigue abierto, y el desenlace dependerá de cuál de esas realidades termine imponiéndose sobre la otra.


