La escena lo dice todo. Setenta minutos en la cancha bastaron para que Giuliano Simeone pasara de ser «el hijo del Cholo» a convertirse en una de las grandes tendencias en redes sociales durante el partido entre Argentina e Inglaterra. Los usuarios lo compararon con la actuación de su padre, Diego «Cholo» Simeone, frente a Inglaterra en el Mundial de Francia 1998. Destacaron su intensidad, su entrega, su fiereza. Algunos, incluso, lo asociaron con el personaje Ted por su expresión y sus gestos durante el encuentro.
El delantero tiene 23 años y milita en el Atlético de Madrid. Fuera del césped, su vida transcurre en una residencia de estilo moderno en la capital española, donde convive desde 2020 con la modelo española Irene Ariza.
Blanco, líneas rectas y pocas concesiones
Los detalles cuentan la historia. A través de sus historias de Instagram, Ariza ha ido revelando, sin proponérselo como catálogo, los distintos rincones de la vivienda. El hilo conductor es uno solo: predominio del blanco, líneas rectas y una decoración minimalista que no admite excepciones.
La fachada ya anticipa el tono: amplios ventanales y una simpleza de diseño que prescinde de ornamentos. El living sigue la misma lógica. Un amplio sofá beige, un televisor apoyado sobre un mueble, un florero y una gran lámpara blanca completan el espacio. La mesa de comedor y las sillas mantienen la misma paleta que el sillón. En las paredes, retratos de la pareja y fotografías de sus mascotas —dos perros llamados Indio y Bruna— aportan el único guiño personal a una decoración que, de otro modo, rozaría la asepsia.
La cocina no rompe el esquema. Muebles blancos, encimeras del mismo color y paredes revestidas en mármol claro. Incluso los electrodomésticos y utensilios visibles respetan la paleta de tonos neutros.
El cuarto rojo, la única ruptura
Hay una excepción. Uno de los espacios que más llama la atención es lo que podría llamarse el cuarto rojo: una habitación con un sillón, cuadros del Atlético de Madrid y una iluminación de luces coloradas que le otorgan una atmósfera particular. En la fotografía que circuló en redes, el delantero aparece posando, sonriendo, en ese rincón que parece reservado para el club que lo define.
Es la única concesión al color en toda la casa. Y no es casual que sea el Atlético quien la protagonice.
El jardín y la piscina
El exterior mantiene la coherencia. Una publicación del 24 de mayo —día en que Irene Ariza cumplió 24 años— dejó ver parte del jardín: un cerco cubierto de vegetación, una piscina con borde blanco y un deck de madera en tono beige. La galería contigua a la piscina está revestida con madera clara tanto en paredes como en techo, y cuenta con un juego de sillones blancos que cierran el círculo cromático iniciado en el interior.
Nada desentona. Todo comunica una misma decisión estética: orden, neutralidad, espacio.
Lo que la casa dice del momento
Para Hemisferio, la irrupción de Giuliano Simeone en el imaginario colectivo no es un accidente del algoritmo. Es el producto de una narrativa que el fútbol argentino necesitaba: una figura joven, con apellido de peso pero con juego propio, capaz de cargar con la comparación generacional sin hundirse bajo ella. Que esa figura viva en una casa ordenada, sin estridencias innecesarias —salvo el cuarto del Atleti, que es casi una declaración de principios— dice algo sobre cómo se construye una identidad cuando el apellido ya viene cargado de historia.
El partido ante Inglaterra fue el escaparate. La casa, el contexto. Los próximos meses dirán si el heredero tiene suficiente para escribir su propio capítulo.



