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La cacería cruza la frontera

La NYPD y autoridades federales buscan en México a Misal Cruz, acusado de degollar a una bartender en Brooklyn el 20 de junio. El sospechoso habría huido al sur del río Bravo.
domingo 2 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Una mujer de 36 años llega a casa después de un turno nocturno en un bar de Sunset Park. Su hijo de 17 años y su hermana la encuentran con la garganta cortada en el interior de su apartamento en la calle 85, cerca de la 4.ª Avenida, en el barrio de Bay Ridge, Brooklyn. Afuera, el resto de la familia llora y se abraza.

«Vine a visitarla y la encontré así», dijo Angélica Flores, hermana de la víctima, a The New York Post. «Acababa de llegar del trabajo.»

María Santos Flores murió el 20 de junio. Tenía dos hijos: el adolescente que descubrió el cuerpo y un niño de tres años. Ambos estaban en el apartamento cuando ocurrió el crimen. Su esposo, Antonio Hernández, declaró que la policía cree que alguien siguió a Santos Flores desde el bar donde trabajaba, el Huatulco Sports Bar de Sunset Park, hasta su domicilio.

La pista lleva al sur

El sospechoso identificado por las autoridades es Misal Cruz. Según fuentes de la NYPD consultadas por The Post, Cruz se encontraría escondido en México. La búsqueda ya cruzó la frontera: detectives de la ciudad de Nueva York y agentes federales estadounidenses han ingresado a territorio mexicano, y las autoridades mexicanas se han sumado al operativo.

«Están en la cacería, colaborando con funcionarios federales y mexicanos», dijo una fuente de la NYPD al Post.

El asesinato de Santos Flores es el primero de dos homicidios registrados en el Precinto 68 de la NYPD en lo que va del año, según los datos de criminalidad del departamento. Ese precinto cubre la franja suroeste de Brooklyn, que incluye Bay Ridge y Dyker Heights.

Lo que está en juego

El caso ilustra una geometría que se repite con creciente frecuencia en las grandes ciudades estadounidenses: el crimen ocurre en suelo americano, la víctima queda en suelo americano, pero el sospechoso desaparece al otro lado de una frontera que, durante años, fue más fácil de cruzar que de vigilar.

La colaboración entre la NYPD, las agencias federales y las autoridades mexicanas es, en sí misma, una señal de urgencia. No es el protocolo habitual para un caso de homicidio en un precinto de Brooklyn. Que detectives de la ciudad hayan cruzado físicamente al otro lado habla de la seriedad con que se toma el caso, y también de los límites que enfrentan los investigadores cuando la frontera funciona como vía de escape.

Para la familia de María Santos Flores, esos detalles institucionales son secundarios. Lo que queda es la imagen de una mujer que trabajaba de noche para sostener a sus hijos, que llegó a casa y no volvió a salir. Y dos menores —uno de ellos ya adolescente, el otro de apenas tres años— que tendrán que crecer con esa memoria.

Desde Hemisferio, el ángulo es inevitable: la eficacia de cualquier sistema de justicia se mide en su eslabón más débil. Si un sospechoso de asesinato puede cruzar la frontera y desaparecer, el problema no es solo policial; es de soberanía, de acuerdos de extradición y de voluntad política en ambos lados del río. La cacería está en marcha. Que llegue a buen puerto dirá mucho sobre el estado real de la cooperación bilateral en materia de seguridad, más allá de los comunicados diplomáticos.

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