Para entender el presente hay que volver a ese fragmento de video que circuló semanas después de su emisión original, a finales de junio de 2026.
En un episodio del show La Megacárcel, producción del canal de YouTube Sancocho Trifásico, la creadora de contenido María Camila Fonseca —conocida como Macafolla— interpretó a su personaje «Micky Ávila» y pronunció una frase sobre «esos hijueputicas niños que ya tienen más de treinta años». También participó en la grabación Laura Daniela Beltrán, representante a la Cámara por el Pacto Histórico, conocida como Lalis. El clip se viralizó y encendió un debate que no se ha apagado.
La cifra que está en el centro del escándalo no es menor: la JEP estableció, mediante el Auto 159 de 2021, un universo provisional de 18.677 víctimas de reclutamiento forzado por parte de las FARC. Una de ellas es Deisy Dorelly, cuyo caso fue reconocido por esa misma jurisdicción.
La polémica escaló cuando el activista Jerome Sanabria publicó en X una denuncia contra el comediante Camilo Díaz, conocido como Culotauro. Según Sanabria, Díaz habría enviado mensajes privados reiterados a Dorelly por Instagram pese a que ella le pidió en tres ocasiones que cesara el contacto. En uno de esos mensajes, según las capturas difundidas, Díaz escribió: «Solo hago valer mi palabra, no se metió con un frío de espíritu, aquí estamos listos a todo». Dorelly interpretó esa frase como una amenaza. Hasta el cierre de esta edición, Culotauro no había emitido un pronunciamiento oficial sobre los chats expuestos.
Dorelly no se quedó en silencio. «Cuando una comediante se refiere a las miles de sobrevivientes como las 18.677 hijueputicas, no está haciendo humor, está burlándose de miles de niños que fuimos secuestrados, torturados, abusados, despojados de nuestra dignidad y nuestra infancia», escribió. Y fue directa en su exigencia: «Exijo que el señor Culotauro sea investigado por las autoridades competentes y que se determine si su conducta ha contribuido al acoso y la revictimización que hoy estoy denunciando».
José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán, tomó la palabra en redes con un tono que no dejó margen a la ambigüedad. «Primero se burlan de los miles de niños y jóvenes víctimas de las Farc y ahora continúan con el hostigamiento. La Fiscalía debería actuar inmediatamente y proteger la vida y la integridad de Deisy Dorelly», publicó.
Fue ese mensaje el que convocó a Marbelle. La cantante comentó la publicación de Lafaurie en X con palabras que no admiten traducción suavizada: «En eso se convirtió 'EL HUMOR'. He visto a una cantidad de ineptos deformes burlándose, hostigando y resguardándose en un 'personaje' para cagarse en la vida de los demás. ¡Sigan pensando que eso es humor… y creyendo que el mojón es carne!».
Desde el otro lado, Beltrán rechazó las críticas y sostuvo que el video corresponde a un fragmento editado. «Subieron un clip de diez segundos en un evento de sátira política. El clip completo demuestra que en efecto rechazó lo de los niños, pero les encanta desinformar», escribió la congresista. Dorelly no aceptó esa explicación.
Los detalles cuentan la historia. Lo que comenzó como un sketch de comedia política terminó exponiendo una fractura más profunda: la que existe entre quienes consideran que la sátira no tiene límites y quienes señalan que hay experiencias —el reclutamiento forzado, la violación, la tortura de menores— que no son materia prima para el entretenimiento.
Para Hemisferio, el asunto no es solo estético ni jurídico. Una sobreviviente reconocida por la JEP denuncia acoso digital, pide protección institucional y recibe como respuesta mensajes que ella misma interpreta como amenazas. Que esa denuncia haya tenido que escalar por redes sociales antes de llegar a la Fiscalía dice algo sobre el estado del aparato de protección a víctimas en Colombia. Y que una representante del Pacto Histórico figure en la producción que originó la controversia añade una dimensión política que el Gobierno de Petro no puede ignorar, aunque prefiera hacerlo.



