La escena lo dice todo. Andrés Restrepo y Alejandro González cruzan la puerta de una finca en el Oriente antioqueño y, antes de hablar de diseño, alguien les pone en la mano un pocillo de café caliente. De ese gesto cotidiano —repetido decenas de veces en ocho meses de recorrido por el paisaje cafetero colombiano— nació La Aurora, la colección que la marca de moda de autor Alado presentará este martes en Colombiamoda 2026, en Plaza Mayor.
El punto de partida fue una paradoja que los diseñadores identificaron entre sorbo y sorbo. «Sabemos poco sobre los procesos, la historia y las manos que hay detrás de una taza de café. Gran parte del producto de mejor calidad se exporta y no llega a nosotros», le dijo Restrepo a El Colombiano. Colombia vende al mundo su mejor grano y sus propios ciudadanos rara vez lo prueban. Esa brecha entre origen y consumidor se convirtió en el motor de investigación.
La ruta comenzó en Armenia y terminó en el Oriente antioqueño. En cada parada, Restrepo y González buscaron acercarse a los cultivadores y recolectoras, entender los procesos detrás del café y registrar un universo de variedades que, al final, se tradujo en 34 salidas para el desfile.
Lo que distingue a La Aurora dentro del circuito de moda latinoamericana no es solo la inspiración temática, sino la decisión deliberada de abandonar la abstracción. «Yo siento que la literalidad y la representación hacen que la gente conecte con las historias. Muchas veces, en diseño, se abstraen tanto los elementos que las personas ya no entienden qué hay detrás», explica Restrepo. Así, las chapolas, los granos, las tazas, las casas y el paisaje aparecen de manera directa en los prints y en el diálogo visual de cada prenda.
En cuanto a las siluetas, los diseñadores deconstruyeron el traje tradicional campesino para llevarlo a un lenguaje contemporáneo. Conservaron hombros descubiertos, boleros y faldas amplias, y trabajaron con textiles elaborados en telar horizontal —el mismo con el que se confeccionan ponchos y ruanas—, un guiño técnico que ancla la colección al territorio.
Pero los detalles cuentan la historia. Durante el proceso de investigación, las recolectoras revelaron que la madera resultante del soqueo —un corte del tallo principal que se realiza cada siete años para estimular nuevos brotes— suele desecharse. Alado la convirtió en botones y apliques. La borra de café, el residuo que queda en el filtro después de preparar la bebida, fue procesada como tinte textil para imprimir algunos de los gráficos de la colección. Nada se tira; todo narra.
El papel de las mujeres resultó central. Los diseñadores recogieron anécdotas y supersticiones: que las recolectoras tienen un don especial para identificar el grano maduro, que se pintan las uñas de rojo para distinguirlo mejor, que las llamadas «andariegas» se desplazan de finca en finca durante la cosecha. Ellas no solo inspiraron la colección, sino que participaron en sus procesos técnicos y protagonizarán el desfile.
Como extensión de esa colaboración, el equipo grabó un documental que narra la historia de cuatro caficultoras de El Retiro, La Ceja y Montebello, municipios del circuito cafetero antioqueño. Durante el show, los asistentes escucharán un paisaje sonoro construido con grabaciones captadas en las fincas a lo largo de los ocho meses de trabajo de campo. Y gracias a una alianza con la marca de vehículos Kia, las mismas caficultoras tendrán un stand en la feria para vender sus productos y compartir sus historias.
«La colección tiene una parte técnica y otra de inspiración, pero también un componente muy importante relacionado con los oficios y el trabajo artesanal. Quisimos que ellos también tuvieran un espacio para expresar su propia voz», concluye Restrepo.
Para entender el presente hay que volver a esa semana —en realidad, a esos ocho meses— en que dos diseñadores decidieron salir del estudio y entrar al campo. Lo que La Aurora pone sobre la pasarela no es solo una estética: es un modelo de creación que reconoce el valor económico y cultural de los oficios rurales, los integra como coautores y les devuelve visibilidad comercial. En un país donde la cadena de valor del café suele beneficiar más al exportador que al cultivador, convertir la borra en tinte y la madera de desecho en joyería funcional es, también, un argumento de libre empresa desde abajo: el territorio como activo, el artesano como socio, el diseño como puente entre origen y mercado.



