La escena lo dice todo.
Una bandera mexicana intervenida con la frase «El barrio respalda a la araña», cientos de fanáticos disfrazados del superhéroe arácnido y un coro que no dejaba de repetir «¡Tom, hermano, ya eres mexicano!». Eso fue lo que encontraron Tom Holland, Zendaya y el director Destin Daniel Cretton cuando pisaron la alfombra azul del Parque Aztlán, en Chapultepec, la noche del fan event de «Spider-Man: Un nuevo día».
El evento se celebró a nueve días del estreno de la película, cuarta entrega en solitario del personaje dentro del Universo Cinematográfico de Marvel. Las entradas, distribuidas mediante dinámicas previas, se agotaron en poco tiempo. Aun así, decenas de seguidores sin boleto se apostaron en las inmediaciones del parque con la esperanza de ver, aunque fuera de lejos, a las estrellas de la franquicia.
Los detalles cuentan la historia.
Desde las primeras horas del día, los alrededores de Aztlán se llenaron de máscaras, trajes, figuras Funko Pop, cómics, pósters y hasta tatuajes inspirados en el personaje. La lluvia que acompañó buena parte de la jornada no redujo el entusiasmo. Cuando Holland, Zendaya y Cretton recorrieron la alfombra, los aplausos y los gritos se mezclaron con el destello de miles de teléfonos levantados. Los tres se detuvieron a firmar autógrafos y tomarse fotografías antes de subir al escenario instalado frente a la rueda de la fortuna del parque.
Ahí se proyectó un avance exclusivo de la cinta, precedido por un recorrido por los momentos más representativos de la trilogía protagonizada por Holland. El material recordó el desenlace de «Spider-Man: Sin camino a casa», cuando el hechizo del Doctor Strange borró la existencia de Peter Parker de la memoria de quienes lo conocían. Ese punto de partida es el que define la nueva entrega: Spider-Man continúa siendo uno de los héroes más importantes de Nueva York, aunque nadie recuerde quién está detrás de la máscara.
Como parte del evento, se emitió un video preparado por vecinos de la Colonia Federal, en la Ciudad de México, que presentó el lugar como «El Barrio de la Telaraña» por la peculiar distribución de sus calles con forma de telaraña. Fue ese video el que encendió el coro en las gradas.
Holland habló ante la prensa del peso narrativo que carga esta cuarta película. «Lo más importante era no huir de las consecuencias de la película anterior. Peter hizo un sacrificio enorme y ahora vive con las consecuencias de esa decisión. Es doloroso verlo porque todos queremos que Peter Parker tenga amor y tenga las cosas que cualquier ser humano merece. Pero ahora está enfrentando todo eso completamente solo», explicó el actor británico.
Zendaya, por su parte, también agradeció el recibimiento. Antes de abandonar el escenario, Holland despidió al público con una frase que la multitud coreó de vuelta: «Los amo desde el fondo de mi corazón. Hacemos estas películas por ustedes, gracias por siempre recibirnos así».
Los protagonistas se despidieron mostrando una bandera mexicana decorada con ilustraciones de Spider-Man. Después de poco más de una hora de convivencia, la noche en Aztlán cerró con la misma energía con la que comenzó.
«Spider-Man: Un nuevo día» llega a las salas de cine el 29 de julio.
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Para entender el presente hay que volver a esa semana.
Lo que ocurrió en el Parque Aztlán no es solo la crónica de un evento de promoción cinematográfica. Es el retrato de una industria del entretenimiento que sabe perfectamente dónde están sus audiencias más fieles y que, cuando las encuentra, viaja hasta ellas. México no fue una parada de cortesía en una gira global: fue el escenario elegido para la primera alfombra roja del parque, un guiño calculado y, al mismo tiempo, genuino. El libre mercado de las emociones funciona así: la demanda es real, la oferta responde, y el resultado es una noche que ningún algoritmo podría haber fabricado desde una sala de reuniones en Los Ángeles. El cariño, en este caso, fue el mejor negocio.



