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Kast en la Tefilá: «Gobernar no puede ser simplemente administrar el presente»

El presidente chileno participó en la ceremonia organizada por la Comunidad Judía de Chile y colocó la libertad religiosa y la construcción institucional de largo plazo en el centro de su mensaje de Fiestas Patrias.
martes 8 de septiembre de 2026

La escena lo dice todo. Un lunes de septiembre, en la sinagoga de Lo Barnechea, el presidente José Antonio Kast tomó la palabra ante representantes de distintas comunidades religiosas y eligió hablar de raíces, de futuro y de una garantía concreta: que ningún ciudadano tendrá que ocultar sus creencias para pertenecer a Chile.

La ocasión era la Tefilá por Chile 2026, ceremonia anual de oración organizada por la Comunidad Judía de Chile desde 2010. Este año la cita coincidió con la conmemoración de los 120 años de vida judía institucionalizada en el país, lo que le dio al encuentro un peso simbólico adicional.

Kast abrió con una referencia personal. «Esta es nuestra patria. Es un lugar de encuentro. Es lo que me tocó vivir en mi hogar. Mis padres que también fueron acogidos aquí en Chile», dijo. La mención a sus padres como inmigrantes recibidos por el país no fue un detalle menor: trazó una línea directa entre la historia de acogida que define a Chile y el compromiso de su gobierno con quienes hoy forman parte de esa misma historia.

El eje del discurso fue la libertad religiosa. El mandatario la presentó no como una concesión ni como un valor en disputa, sino como un principio del Estado que su administración defenderá sin matices. «La libertad religiosa es un principio del Estado de Chile y lo vamos a cuidar, siempre. Y nuestro gobierno la hará valer sin excepciones», afirmó.

La promesa tuvo contenido específico. Kast precisó que proteger la libertad religiosa implica tres cosas: resguardar el derecho a practicar ritos y profesar creencias, proteger los espacios físicos donde se ejerce la fe, y garantizar que la próxima generación crezca en Chile con la misma libertad que tuvieron sus padres y abuelos. No fue retórica de ocasión; fue un compromiso con destinatarios concretos y con una continuidad temporal que va más allá del ciclo electoral.

La segunda gran idea del discurso llegó al cierre, envuelta en una imagen que la audiencia reconoció de inmediato: la del árbol plantado por alguien que no alcanzará a ver sus frutos. «Así como mis antepasados plantaron para mí, yo también planto para mis descendientes. Esa es una mirada de futuro en la que nos tiene que convocar, y esa también es la forma de entender nuestro gobierno», sostuvo Kast.

La metáfora no se quedó en lo poético. El presidente la tradujo en términos de gestión: «Estamos plantando las bases para ordenar y recuperar la institucionalidad pensando en las próximas generaciones. Porque gobernar no puede ser simplemente administrar el presente».

La frase condensa una apuesta política de fondo. Frente a gobiernos que miden su éxito en el ciclo corto —el trimestre, la encuesta, la coyuntura— Kast propone una vara distinta: la solidez de lo que se construye para quienes aún no votan.

Los detalles cuentan la historia. La Tefilá por Chile no es un acto protocolar menor. Desde 2010 reúne cada año a representantes de distintas tradiciones religiosas en torno a una oración común por el país. Que el presidente haya elegido ese foro para articular su visión de largo plazo —institucionalidad, libertad, generaciones futuras— dice algo sobre el tipo de alianzas culturales que su gobierno busca consolidar.

Para Hemisferio, el mensaje de Lo Barnechea apunta en una dirección que merece atención. La libertad religiosa no es un tema menor en una región donde el Estado ha avanzado sistemáticamente sobre el espacio de las comunidades de fe, las escuelas confesionales y las organizaciones civiles de raíz religiosa. Que un jefe de Estado la enuncie como principio irrenunciable y la vincule con la protección de espacios concretos —no solo con declaraciones abstractas— es una señal de gobierno limitado en el mejor sentido: el que reconoce que hay ámbitos de la vida que no le pertenecen al aparato estatal. La imagen del árbol, en ese contexto, no es solo poesía de Fiestas Patrias. Es una filosofía de administración pública que pone el orden institucional por encima de la rentabilidad política inmediata.

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