El anuncio llegó con portada incluida, y la portada llegó con polémica. Karol G reveló que su próximo álbum, No me arrepiento de sentir tanto, se estrena el 7 de agosto, y la imagen promocional bastó para encender las redes sociales en cuestión de horas.
En la fotografía, la cantante colombiana aparece envuelta en tonos azules, iluminación tenue y una pose que numerosos usuarios compararon de inmediato con el material visual de Britney Spears durante la era de In the Zone, el disco lanzado por la llamada «princesa del pop» en 2003. Los comentarios se multiplicaron: «It's giving Britney Spears In the Zone» o «Esa portada es muy Britney» se repitieron en distintas plataformas.
La acusación de plagio no tardó en aparecer, aunque tampoco tardó en encontrar réplica. Varios seguidores de la artista señalaron que la referencia es, en todo caso, intencional: la propia Karol G ha reconocido en entrevistas que Spears fue una de sus mayores inspiraciones desde la infancia. Para ese sector del público, la estética del nuevo álbum es un homenaje deliberado, no una copia, y forma parte del concepto artístico de esta nueva etapa musical.
La discusión sobre la portada, sin embargo, fue solo el primer capítulo de una semana cargada de momentos. Los conciertos del Viajando Por El Mundo TropiTour sumaron dos episodios que terminaron de instalar a la colombiana como tendencia.
El primero ocurrió en Toronto, Canadá. Durante la canción de despedida, un asistente logró esquivar el esquema de seguridad y subir al escenario. Karol G le tendió la mano, pero el hombre la sujetó con fuerza del brazo. El equipo de seguridad intervino para retirarlo mientras la cantante, con una calma que no pasó desapercibida, le pedía que fuera «pasito, pasito». Controlada la situación, el espectáculo continuó sin mayores contratiempos.
El segundo episodio fue de otro tono. En la siguiente fecha de la gira, la artista invitó al escenario a Khloé, una niña de cinco años que asistía a su primer concierto. Al preguntarle cuál era su canción favorita, la menor respondió sin dudar: «Dai Dai», un tema interpretado por Shakira. Lejos de incomodarse, Karol G sonrió, detuvo el espectáculo, cantó junto a la niña un fragmento de la canción y animó al público a acompañarlas. La reacción fue ampliamente elogiada en redes sociales, donde usuarios destacaron la naturalidad con la que la artista manejó un momento que, en otras manos, podría haber resultado incómodo.
Los detalles cuentan la historia. En tres días, Karol G acumuló una acusación de plagio, un incidente de seguridad y un gesto espontáneo que recorrió el mundo. Los tres episodios, distintos en naturaleza, apuntan a lo mismo: el peso específico que tiene hoy una artista colombiana capaz de mover conversación global con una portada, un fan que se sube a un escenario o una niña de cinco años con una canción favorita inesperada.
Desde la línea editorial de Hemisferio, el episodio de Toronto merece atención más allá del anecdotario. La seguridad en los grandes eventos es un asunto de libre empresa y responsabilidad contractual: los organizadores tienen una obligación con el artista y con el público. Que el protocolo haya fallado no es un detalle menor, aunque la reacción serena de la cantante haya convertido el momento en una historia de temple antes que en una denuncia. El mérito de la artista no exime a quienes tenían el deber de custodiar el escenario.



