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Jung Ho-yeon y el método de la entrega total

La actriz surcoreana cuenta cómo pasó del modelaje a la actuación y cómo se preparó durante seis meses para su primer papel en el cine. En una industria que premia la disciplina, su apuesta es simple: darlo todo en cada toma.
Imagen generada con IA
sábado 3 de octubre de 2026

Jung Ho-yeon llegó tarde a la actuación, pero no llegó a medias. La actriz surcoreana, nacida en Seúl en 1994, empezó a modelar a los 16 años y recién a los 27 debutó formalmente en la actuación. Ese salto, dice el reportaje, terminó por abrirle puertas en la industria: su trabajo atrajo atención mundial, obtuvo presencia en los principales galardones y firmó con una de las principales agencias de representación de Estados Unidos.

La escena que la hizo conocida fue la primera temporada de El juego del calamar, el fenómeno que remeció Netflix en 2021. Allí interpretó a Sae-byeok, una jugadora estoica que buscaba dinero para reunir a su familia tras desertar de Corea del Norte. El personaje se convirtió en uno de los favoritos del público y la crítica, y Ho-yeon destacó entre los aspectos más aclamados de la producción.

Ahora, desde Australia, donde filma un nuevo proyecto, mira hacia atrás sin nostalgia y con una lógica de trabajo muy concreta. «Cuando interpreté a Sae-byeok, intenté sinceramente comprenderla, sentir lo que ella sentía y amar de verdad la vida que llevaba», dijo en entrevista con Culto a través de Zoom. «Por eso, incluso ahora, cada vez que asumo un nuevo personaje, trato de poner todo mi corazón».

Ese mismo enfoque lo llevó a Hope: El primer impacto, la primera película de su carrera. Estrenada en la 79° edición del Festival de Cannes y disponible en salas chilenas desde el jueves 8, la cinta es un thriller de ciencia ficción con 156 minutos de duración. La historia transcurre en un pueblo golpeado por el ataque de un monstruo cuya apariencia se oculta durante 40 minutos.

Ho-yeon interpreta a Sung-ae, una policía novata pero aguerrida que se une a Ko Bum-seok, interpretado por Hwang Jung-min, en la misión de proteger a la comunidad. Dirigida y escrita por Na Hong-jin, la película exigía destrezas muy específicas de su elenco, y la actriz respondió con una preparación de seis meses en la que ganó masa muscular, aprendió a manipular armas de fuego y a conducir. No solo tuvo que aprender a manejar un auto manual: también se entrenó en derrapes y otras técnicas de conducción de alta complejidad.

La preparación no fue solo física. Ho-yeon trabajó mano a mano con Na, cuyo antecedente inmediato es The wailing (2016), y recibió de él una idea central para el personaje: Sung-ae no sabe todo lo que ocurre. «Algo importante que me transmitió fue que Sung-ae no tiene mucha información; ella desconoce la situación en su totalidad», explicó. «Gracias a eso, pude creer plenamente en sus buenas intenciones y actuar en consecuencia sin tener ninguna duda».

En esa búsqueda de autenticidad, el director le pidió una actuación menos calculada y más cruda. La actriz contó que el set estaba orientado a capturar expresiones y reacciones naturales, aun si eso implicaba repetir tomas o ensayar nuevas formas de provocar respuestas. En ese proceso, también recibió recomendaciones cinematográficas; la más útil para su papel fue Dr. Akagi, de Shōhei Imamura, y en particular el personaje de Sonoko, que se convirtió en una referencia importante para Sung-ae.

La película también le exigió un trabajo fino frente a cámara. Ho-yeon recordó que la escena de presentación de su personaje fue técnicamente más difícil de lo esperado, con ajustes mínimos en la dirección de la mirada según el ángulo de la cámara. Pero también dijo que la experiencia le dio confianza, porque tanto Na como el director de fotografía, Hong Kyung-pyo, insistieron hasta lograr la imagen exacta que buscaban.

«Nunca cedieron ni se rindieron», dijo. «Ellos seguían adelante hasta conseguir exactamente la imagen que buscaban». Para ella, eso fue exigente físicamente, pero también valioso: «Sentí que estos cineastas de la vieja escuela me estaban dando una lección increíble. Era casi como asistir a diario a una academia y aprender de unos profesores extraordinarios».

Más allá del brillo internacional que rodea hoy al cine y la música surcoreana, Ho-yeon evita explicar el fenómeno con una teoría cerrada. No ofrece una fórmula ni promete entenderlo todo. Su respuesta, al menos por ahora, es más simple: seguir trabajando con disciplina, mantener la presencia en el set y no bajar la intensidad.

La escena lo dice todo. En una industria donde la imagen suele venderse como espontánea, Ho-yeon describe un oficio hecho de preparación, repetición y confianza en el trabajo bien hecho. Esa es la parte menos glamorosa y más valiosa del relato: detrás del fenómeno global hay horas de entrenamiento, decisiones de dirección y un método que pone la excelencia por encima del atajo.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. La actriz que saltó del modelaje a la fama mundial no parece fascinada por la celebridad en sí, sino por la exigencia de sostener cada rol con verdad. En un mundo que premia la exposición rápida, su apuesta es otra: concentrarse, prepararse y rendir en cada toma. Los detalles cuentan la historia.

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