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Jodie Comer, más allá de Villanelle

La actriz de Liverpool llega a las pantallas con «La muerte de Robin Hood», donde interpreta a una monja medieval junto a Hugh Jackman. Una conversación sobre fe, violencia y el arte de elegir bien los papeles.
Imagen ilustrativa
sábado 15 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Una monja rural del siglo XIII recibe en su convento a un forajido malherido, cargado de culpa y de cadáveres. Ella no huye. Ella cura. Y en ese gesto, Jodie Comer encontró el personaje que quería interpretar.

La actriz inglesa, nacida en Liverpool en 1993, habla desde Londres a través de Zoom. Afuera, según ella misma describe, el cielo está «soleado, pero nublado». Adentro, la conversación es precisa y sin adornos. Comer no es de las que aparentan.

El papel que la atrapó

La muerte de Robin Hood, dirigida y escrita por Michael Sarnoski, reimagina al célebre forajido —interpretado por Hugh Jackman— como un hombre sombrío perseguido por los familiares de sus víctimas. Comer da vida a la hermana Brigid, la monja a cargo de un convento rural que acepta atender al herido. No es un papel de acción. Es un papel de presencia.

«Vi la película hace un tiempo, y me impactó mucho su sutileza y su belleza», dice la actriz. «Me sentí muy orgullosa de haber formado parte de ella de alguna manera».

Para prepararse, Comer leyó sobre las mujeres dedicadas a la medicina y los cuidados en el siglo XIII. Lo que encontró la sorprendió: una concepción integral del enfermo que mezclaba cuerpo, mente y esperanza. «Existía esta noción de estar conectado a algo mucho más grande», explica. «Era fundamental que el paciente tuviera esperanza y recibiera ayuda para mantenerse en un estado de positividad. Sentían que eso era fundamental para que la persona mejorara».

Ese hallazgo histórico se coló en su interpretación. Brigid cita, cuenta historias, reza. No como decorado medieval, sino como método.

Jackman sin armadura

Compartir pantalla con Hugh Jackman podría intimidar a cualquiera. Comer lo describe sin reverencia innecesaria, pero con genuina admiración. «Es una persona muy sencilla, algo que ya se percibe al verlo en las entrevistas, pero conocerlo y ver lo amable y presente que es con cada miembro del equipo de rodaje... Está ahí por el trabajo, se preocupa por él con total compromiso».

Lo que más le llamó la atención no fue la fama del actor sino su autenticidad a pesar de ella. «Fue realmente bonito apreciar que siga siendo tan auténtico a pesar de todo lo que imagino que debe ser tener ese nivel de fama», señala.

Sarnoski, el mismo realizador detrás de Pig (2021) y Un lugar en silencio: Día uno (2024), construyó una película que Comer describe como brutal y tierna al mismo tiempo. «Los primeros 20 minutos me parecieron hermosos, pero pensé: ¡Dios mío! Casi no podía respirar», recuerda. «Pero en todo momento había una ternura presente en los diálogos de Michael. La mayoría de los momentos entre ellos dos son muy íntimos».

El arco del personaje de Jackman es, según Comer, el corazón del filme. «Robin al principio es un hombre muy diferente al del final. Llega a Brigid como alguien bastante cerrado, insensible y reacio, y luego el hombre al final parece muy, muy diferente».

Violencia, miedo y conciencia

La película no esquiva la brutalidad, pero tampoco se queda en ella. Comer la lee como una reflexión sobre el arrepentimiento y la relación de cada persona con su propio pasado. «Creo que Robin Hood siempre se ha proyectado como un héroe en algún sentido. Esta se siente como una exploración mucho más audaz y realista de la oscuridad que hay dentro de él y que está dentro de todos nosotros en cierto nivel».

Sobre el mundo actual, no elude la pregunta. «Hay mucho miedo en el mundo ahora mismo», dice. «Ojalá la gente se quede con la esperanza». Y añade algo que suena más a diagnóstico que a promoción: «Muchos de los problemas de Robin son internos porque tiene que enfrentarse a su propia conciencia y hacer las paces con la vida que ha vivido y las decisiones que ha tomado. Y eso puede ser lo más difícil a veces para todos nosotros».

Después de Villanelle

Tras ganar un Emmy por encarnar a la asesina Villanelle en Killing Eve, Comer ha construido una carrera deliberada. «Killing Eve permitió que la gente me viera desde muchas perspectivas diferentes», ha dicho. Desde entonces, ha admitido que necesita que sus roles le brinden espacio para un ejercicio de introspección, descartando proyectos de vocación comercial pura.

Brigid, la monja medieval que cura sin pedir nada a cambio, encaja en esa lógica. No es el papel más visible del año. Es, quizás, el más honesto.

Los detalles cuentan la historia. Comer llegó a este proyecto sin saber casi nada de Robin Hood —su referencia más cercana era la versión animada de Shrek (2001)— y salió con una reflexión sobre la fe, la violencia y la posibilidad de redención. Que una actriz en la cima de su carrera elija ese camino, en lugar del más seguro y lucrativo, dice algo sobre el tipo de industria que todavía es posible cuando el mérito y la exigencia artística mandan sobre el cálculo de taquilla.

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