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Japón y Panamá, una alianza para el orden abierto

El canciller japonés visita Ciudad de Panamá y consolida una asociación estratégica de 120 años centrada en el Canal, la ciberseguridad y la inversión privada.
Imagen ilustrativa
martes 4 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Mientras la incertidumbre sacude el orden internacional y las grandes potencias redefinen sus zonas de influencia, un diplomático japonés llega a Ciudad de Panamá con un mensaje preciso: los países que comparten valores tienen que acercarse más, no menos.

Japón y Panamá celebran en 2025 el «Año de la Amistad Japón-SICA», un marco que coincide con la visita del presidente Mulino a Tokio y ahora con el viaje del canciller japonés a la capital panameña. Las relaciones diplomáticas entre ambos países se remontan a 1904, más de 120 años de vínculo que, según la declaración oficial, «nunca ha tenido un impulso tan fuerte».

El eje del acercamiento es geopolítico y económico al mismo tiempo. Para Japón, Panamá no es solo un socio latinoamericano: es la puerta de entrada a América Latina y el Caribe desde el otro lado del Pacífico. El Canal de Panamá, descrito en la comunicación oficial como «punto fundamental del tráfico marítimo global», ocupa el centro de la conversación estratégica.

Ciberseguridad para infraestructura crítica

Uno de los acuerdos más concretos ya está en marcha. En enero de este año se celebró la «Reunión de Ciberseguridad Público-Privada Japón-Panamá», que abrió una línea de cooperación para proteger infraestructuras críticas, entre ellas el Canal y los puertos. El hecho de que la ciberseguridad sea el primer entregable tangible no es casual: en un momento en que diversas potencias buscan influencia sobre las rutas marítimas globales, blindar digitalmente el Canal equivale a blindar su operación soberana.

Este movimiento se inscribe en la doctrina japonesa del «Indo-Pacífico Libre y Abierto» (FOIP, por sus siglas en inglés), cuya versión actualizada fue presentada en mayo de este año. La filosofía del FOIP descansa en tres pilares: «libertad», «Estado de derecho» y la capacidad de cada nación de decidir su propio destino, lo que Tokio llama «autonomía» y «resiliencia».

Inversión, no retórica

Más allá de los principios, la agenda incluye proyectos con financiamiento concreto. El más visible es el «Proyecto de Desarrollo de la Línea 3 del Transporte Urbano del Área Metropolitana de Panamá», financiado mediante la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) de Japón y apoyado en tecnología de empresas japonesas. El objetivo declarado es doble: mejorar la movilidad urbana y reducir emisiones de dióxido de carbono.

Las áreas de cooperación futura identificadas en la declaración abarcan gestión de residuos, inteligencia artificial, digitalización, minerales críticos y lo que Tokio denomina Transformación Verde (GX). En todos esos sectores, el modelo es el mismo: cooperación público-privada con empresas japonesas aportando tecnología e inversión, y Panamá aportando posición estratégica y estabilidad jurídica.

El Canal como activo soberano

Los detalles cuentan la historia. En el trasfondo de esta visita hay un contexto que la declaración no nombra directamente pero que cualquier lector informado reconoce: el Canal de Panamá ha estado en el centro de tensiones diplomáticas recientes, con presiones externas sobre su gestión y su neutralidad. Que Japón elija este momento para profundizar su asociación con Panamá, con énfasis explícito en «fortalecer las funciones de las infraestructuras críticas», es una señal de respaldo a la soberanía panameña sobre su activo más valioso.

El gobierno de Mulino, que ha apostado por la estabilidad jurídica y la apertura a la inversión como ejes de su gestión, recibe en este acuerdo un respaldo que va más allá de lo bilateral: es la confirmación de que las democracias de mercado con instituciones sólidas atraen socios de primer nivel.

La lectura de Hemisferio

Lo que Japón y Panamá están construyendo es exactamente el tipo de alianza que el libre mercado y el Estado de derecho hacen posible: dos naciones con intereses complementarios, sin agenda ideológica impuesta, que suman capacidades para ser más fuertes ante un entorno global que se complica. El Canal no es solo infraestructura; es el argumento más poderoso de Panamá para sentarse en la mesa de los grandes.

La pregunta que queda abierta es si la institucionalidad panameña estará a la altura del socio que acaba de confirmar su apuesta. Japón no invierte en inestabilidad. Que esté aquí, ahora, dice algo sobre lo que ve en Ciudad de Panamá. El desafío del gobierno de Mulino es no defraudar esa lectura.

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