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Irán denuncia misiles sobre su base naval del norte

Teherán atribuye el ataque a fuerzas estadounidenses y amenaza con represalias contra cualquier país que coopere con Washington. La comunidad internacional, en silencio.
Imagen ilustrativa
domingo 26 de julio de 2026

La escena lo dice todo. Sobre las 7.30 de la mañana del viernes, según declaró el subsecretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Alí Baqeri, varios proyectiles impactaron en el cuartel general de la Armada de la Guardia Revolucionaria en Zibakenar, localidad costera de la provincia de Guilán, en el norte del país.

Baqeri atribuyó el ataque a fuerzas estadounidenses. «Sobre las 7.30 de esta mañana, el cuartel general de la Armada se ha visto alcanzado por los proyectiles del enemigo», afirmó, según informaciones recogidas por la agencia iraní de noticias ISNA. Añadió que se registraron «daños» en parte del equipamiento almacenado en la instalación y que, tras las primeras investigaciones, podía descartarse la existencia de víctimas mortales, «al menos de momento».

Las autoridades iraníes no tardaron en elevar el tono. El ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, amenazó con adoptar «medidas de represalia contra cualquier país que participe, coopere o ayude a Estados Unidos a sacar adelante sus ataques». «Cualquier participación contra Irán acarreará consecuencias y responsabilidades para las partes implicadas», advirtió en declaraciones recogidas por la cadena IRIB.

Araqchi también lamentó lo que describió como el «silencio de la comunidad internacional», que, a su juicio, «convierte el crimen en un patrón que se repite». «Defender los principios del Derecho Internacional es defender la seguridad colectiva; Irán no ha iniciado ni iniciará ninguna guerra», sostuvo. «Debilitar el principio de prohibición del uso de la fuerza y normalizar la agresión militar no deja a ningún país exento de sus consecuencias», agregó.

Desde el mando militar, el número dos del Ejército iraní, Habibolá Sayari, adoptó un registro más combativo. Afirmó que el poder de las fuerzas iraníes es «increíble» para Estados Unidos y que «el deseo de venganza contra el enemigo y la capacidad de resistencia se han fortalecido enormemente». «La rendición no tiene cabida en el vocabulario militar ni cultural del pueblo iraní», zanjó.

Los detalles cuentan la historia. Zibakenar no es una instalación cualquiera: alberga el cuartel general de la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica, el cuerpo de élite que controla buena parte de la capacidad naval y de misiles de Teherán en el mar Caspio y el golfo Pérsico. Que los proyectiles hayan alcanzado esa dirección específica —si la denuncia iraní resulta confirmada— indicaría una operación de precisión orientada a degradar capacidad operativa, no a provocar bajas masivas.

Importa subrayar lo que las fuentes disponibles no permiten afirmar: ni Washington ha reconocido el ataque ni existe, hasta el cierre de esta edición, confirmación independiente de la autoría estadounidense. Lo que sí está documentado es la denuncia formal del gobierno iraní y las amenazas que de ella se derivan.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. La retórica de Teherán combina dos mensajes simultáneos: hacia adentro, movilización emocional en torno a los «mártires» y al «pueblo en las calles»; hacia afuera, una advertencia dirigida a los aliados regionales de Washington de que la cooperación logística o territorial con operaciones contra Irán tendrá un precio.

Desde la perspectiva de Hemisferio, el episodio ilumina una tensión de fondo que los gobiernos con vocación de orden y libre empresa no pueden ignorar: la estabilidad del comercio global —incluido el tránsito por el estrecho de Ormuz, por donde pasa una fracción sustancial del petróleo mundial— depende de que el aparato de la Guardia Revolucionaria no fije las reglas del juego en la región. Cada amenaza de represalia iraní contra terceros países es, en la práctica, una amenaza contra la seguridad jurídica de las inversiones y las cadenas de suministro que atraviesan Oriente Medio. La pregunta que la comunidad internacional —ese actor al que Araqchi acusa de silencio— tendrá que responder es si ese silencio es neutralidad o cálculo. Los mercados, mientras tanto, ya están haciendo sus propios números.

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