La escena lo dice todo. No fue una dirigente opositora, ni un empresario, ni un columnista de derecha. Fue Mary Luz Herrán —exesposa del presidente Gustavo Petro, exintegrante del M-19, compañera de décadas de militancia— quien publicó en X el mensaje que más daño político ha causado al mandatario en esta semana.
«Te he apoyado en el 99 % de tus aciertos y desaciertos. Hoy es imposible apoyarte», escribió Herrán, y la frase circuló en segundos por las redes colombianas con la velocidad que solo tienen las traiciones íntimas cuando se vuelven públicas.
El detonante fue un extenso mensaje que Petro publicó en defensa de Juliana Guerrero, una de las dos hermanas señaladas en una investigación por presunta red de corrupción en contratos. En ese texto, el presidente pidió a Juliana que denunciara a los empresarios que, según él, habrían intentado corromperla. El giro fue notable: Petro convertía a la presunta implicada en víctima y apuntaba hacia el sector privado.
Herrán no lo dejó pasar. Le recordó al presidente sus propias palabras: fue él quien le enseñó que «la razón está por encima del corazón» y que era necesario separar «lo personal de lo político». «Fallaste en esto», le reprochó sin rodeos.
La exesposa del mandatario apeló además a su historia personal para subrayar el peso de su postura. «No perdí mi libertad siendo adolescente en una cárcel para tener que ver lo que pasa ahora», escribió. Y añadió que sus propios hijos «no pueden vivir en su país» por haber respaldado las luchas políticas que ella y Petro compartieron durante décadas.
El caso que está en el centro de la tormenta involucra a Juliana Guerrero y a su hermana. La Fiscalía abrió una investigación contra ambas tras las revelaciones del semanario colombiano Semana sobre una presunta red de contratos irregulares. En ese mismo escándalo aparece mencionado el exviceministro Edward Libreros, quien también se pronunció públicamente tras ser señalado.
Los detalles cuentan la historia. Herrán no se limitó a criticar la postura presidencial: fue directa sobre las consecuencias que deberían enfrentar las investigadas. «Si las Guerrero deben pagar por sus actos, que lo hagan. No defiendas lo indefendible», le dijo al presidente. Y fue más lejos aún al advertir que «las luchas de todos no pueden quedar lapidadas por acciones inmaduras e irresponsables de jóvenes que se aprovecharon de ti y de varios cercanos».
El mensaje cerró con una frase que condensó el tono íntimo y doloroso del pronunciamiento: «Dejo hasta acá… no digo más, porque cada palabra duele».
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El petrismo lleva meses bajo presión por múltiples escándalos de gestión, pero la ruptura de Herrán tiene una dimensión distinta: no viene del campo adversario, sino del círculo más cercano al presidente, de alguien que conoce la trastienda de su trayectoria política mejor que casi nadie.
Desde Hemisferio, el cuadro es elocuente. Cuando un gobierno decide proteger a funcionarios investigados por corrupción antes de que la justicia establezca los hechos, no solo arriesga su credibilidad: erosiona la confianza en las instituciones que se supone debe fortalecer. El aparato estatal no es patrimonio personal del gobernante, y los contratos públicos son, en última instancia, dinero de los contribuyentes colombianos. Que sea la propia exesposa del presidente quien lo recuerde —invocando décadas de sacrificio compartido— dice más sobre el estado del petrismo que cualquier encuesta.



