El presidente Donald Trump lanzó una iniciativa de crédito fiscal nacional para el cine con un incentivo federal de 25% sobre la producción, y la propuesta ya cuenta con apoyo bipartidista. En teoría, el dinero de los contribuyentes puede darle un respiro a Hollywood.
En la práctica, el problema parece estar mucho más abajo, en la trastienda regulatoria y política de Los Ángeles. La ciudad registró en 2025 el nivel más bajo de filmaciones de su historia, según la fuente, en una tendencia que lleva tiempo empujando producciones fuera del área.
La escena lo dice todo. Mientras unas producciones se van a Canadá y otras abandonan Norteamérica por climas de negocios más favorables, la industria sigue buscando escenarios más baratos y menos hostiles. Un director incluso se fue a Sudamérica para rodar una película ambientada en Los Ángeles. La razón es simple: hoy muchas ciudades pueden parecerse a una urbe estadounidense en pantalla, y eso vuelve menos indispensable a California.
El nuevo crédito fiscal puede ayudar, sin duda, sobre todo a quienes quieran mantener a Hollywood en Hollywood. Pero el dinero no borra una realidad incómoda: la industria sigue atrapada en una cultura de sobrecostos y en un entorno donde cada centavo cuenta. Eso es especialmente visible en proyectos como el de Nancy Meyers, cuya última producción llegó con un presupuesto de 150 millones de dólares, cifra que la fuente atribuye a salarios de estrellas y a un rodaje basado en Los Ángeles.
Un guionista citado por la fuente resumió el cálculo con crudeza: «Necesitamos encontrar un estado para rodar esto que parezca California, pero que no sea California». No es una consigna ideológica; es una decisión de negocio.
Dallas Sonnier fue todavía más directo. Según él, el incentivo fiscal federal «no hará que filmar en California sea más fácil para nadie con un cerebro» y advirtió que los sindicatos irán tras las producciones y que el proceso de permisos no mejorará. Sus palabras reflejan un punto central: cuando la burocracia y la presión regulatoria se acumulan, el subsidio llega tarde y rinde poco.
Mientras tanto, la política local tampoco ofrece alivio. La primaria municipal reciente prácticamente cerró la puerta a un giro proproducción. Spencer Pratt no logró una campaña con final feliz, pese a ser, según la fuente, el más sincero en intentar volver más amigable a Los Ángeles para los rodajes locales. Karen Bass, alcaldesa en funciones, habló bien en campaña, pero la fuente cuestiona por qué no hizo más durante los últimos cuatro años.
Su retadora, Nithya Raman, figura ahora como favorita para convertirse en la próxima alcaldesa de Los Ángeles. La fuente la ubica a la izquierda de Bass y dice que poco hay de esperanza en que una acólita de la DSA corrija la postura antiempresa de la ciudad. También recuerda que alguna vez culpó a los fabricantes de autos, y no a los ladrones, por lo fácil que era robar un vehículo. Esa anécdota importa porque revela una lógica política: desplazar la responsabilidad del delito y del deterioro hacia terceros, en lugar de enfrentar el problema.
Ese enfoque tiene consecuencias concretas. La fuente vincula los males de la ciudad —personas sin hogar, crimen y precios altos— con la dificultad para recuperar rodajes. A eso se suma que Raman apoyó las propuestas de incentivos de Trump, aunque la misma fuente sostiene que sería la primera en rechazar otras metas trumpistas destinadas a hacer los barrios más seguros para los equipos de filmación.
También hay capital privado apostando por la nostalgia. David Simon construye un nuevo estudio de 450 millones de dólares en Hollywood, sobre 10 acres, con la esperanza de reanimar una industria en dificultades. Pero el giro político de Los Ángeles va en sentido contrario al que exigiría una recuperación genuina del sector.
El desenlace deja una lección incómoda para California. Washington puede ofrecer alivio fiscal, pero no puede convertir un entorno hostil en un imán permanente para la inversión. Si la burocracia, los costos y la inseguridad siguen mandando, el crédito sólo comprará tiempo. No comprará una recuperación.
Para entender el presente hay que volver a esa semana: la ciudad que se presenta como capital del espectáculo volvió a votar por una línea que no prioriza el orden, la competitividad ni la libre empresa. Y cuando eso ocurre, el cine se mueve. El dinero de los contribuyentes puede suavizar el golpe, pero no reemplaza un clima donde producir sea rentable, previsible y seguro.


