El Ministerio de Hacienda autorizó a Bogotá a contratar un crédito externo con BNP Paribas New York Branch por hasta $1,3 billones para la Primera Línea del Metro de Bogotá. Los recursos se destinarán a cubrir la cuota del Distrito en la cofinanciación de la obra.
La autorización quedó consignada en la Resolución 2182, expedida este lunes. La cartera definió el techo del préstamo con una fórmula poco habitual: el monto será el menor valor entre $1,3 billones y US$400 millones, según la tasa de cambio del día del desembolso.
La plata llegará en pesos y nunca podrá superar esa cifra. La cuenta es simple: los dos límites se igualan cuando el dólar está en unos $3.250. Con la divisa por encima de ese nivel, el tope en pesos es el que manda.
Las condiciones del crédito le dan aire a las finanzas de la ciudad en el corto plazo. El préstamo tendrá un plazo de 10 años, tres de gracia para el capital, y luego Bogotá abonará el capital en 14 cuotas semestrales iguales durante los siete años restantes. Los intereses también se pagarán cada seis meses.
La tasa podrá ser fija o variable, en pesos, y equivaldrá a la SOFR más 0,75 %, según las condiciones del mercado al momento de fijarla.
El elemento más importante de la estructura es la garantía. La operación tendrá respaldo del Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones, MIGA, entidad del Grupo Banco Mundial, que cubrirá el 95 % de las exposiciones cubiertas de capital, intereses y otros conceptos elegibles.
En la práctica, ese seguro reduce el riesgo para el banco y suele traducirse en mejores condiciones para quien pide prestado, algo que el propio ministro subrayó al hablar de un préstamo con «condiciones favorables para la ciudad».
Miguel Gómez Martínez presentó la autorización como un aporte al desarrollo del Distrito y calificó el Metro como «un proyecto vital para la movilidad de Bogotá». También dijo: «Nos complace aportar al desarrollo del Distrito. Esta es una operación que cuenta con condiciones favorables para la ciudad y con una garantía otorgada por la banca multilateral. Son recursos importantes para avanzar en infraestructura y en un proyecto vital para la movilidad de Bogotá».
La decisión se conoce apenas unas semanas después de que el presidente Abelardo de la Espriella visitara la Primera Línea del Metro de Bogotá, que ya alcanza un avance del 80 %, y ratificara el respaldo de su Gobierno para que la obra llegue a construirse de forma adecuada.
Para entender el presente hay que volver a esa semana: el Metro ya no es solo una promesa técnica, sino un expediente financiero que exige disciplina, contratos claros y una ruta de pagos que no desordene las cuentas públicas. La escena lo dice todo. Cuando el Estado debe recurrir a deuda externa y a una garantía del Grupo Banco Mundial para sostener una obra de esta magnitud, el foco deja de estar en el anuncio y pasa a estar en la capacidad real de ejecución.
El giro también importa por lo que revela sobre el costo de las grandes infraestructuras: no se financian con consignas, sino con crédito, respaldo y compromisos de largo plazo. Para el contribuyente, la pregunta de fondo no es solo si el Metro avanza, sino si cada peso comprometido se traduce en una obra que cumpla su promesa de movilidad sin dejar una carga desordenada sobre las finanzas de la ciudad.
Los detalles cuentan la historia. Un proyecto vital para Bogotá puede ser también una prueba de orden fiscal y de seriedad institucional. Si la obra avanza con reglas claras y pagos manejables, gana la ciudad; si el endeudamiento se vuelve la norma para tapar atrasos estructurales, pierde la confianza que sostiene toda inversión pública.


