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Golpes repetidos, no desmembramiento: la necropsia del caso Villalba

Medicina Legal confirmó que Natalia Villalba murió por politraumatismo craneoencefálico causado con un objeto contundente. El ciudadano británico Foster Martinson permanece en La Picota mientras avanza el proceso por feminicidio agravado.
Imagen ilustrativa
viernes 24 de julio de 2026

El informe llegó cuando la versión más brutal ya circulaba como verdad en redes sociales. La necropsia practicada al cuerpo de Natalia Villalba, modelo y diseñadora de 36 años, descartó el desmembramiento que se mencionó en las primeras horas de la investigación. Lo que encontró Medicina Legal fue, en cierto modo, igualmente revelador sobre la violencia del hecho.

La causa oficial de muerte es un «politraumatismo contundente craneoencefálico» provocado por múltiples lesiones con un objeto contundente. El dictamen forense detalla dos fracturas craneales, una fractura de mandíbula que dividió el hueso en dos segmentos, dos heridas contundentes paralelas en la región frontal izquierda, lesiones en la región supraauricular, una fractura de tórax y múltiples hematomas. Según la investigación de la Fiscalía, el objeto utilizado habría tenido características similares a un utensilio de cocina.

El crimen ocurrió el 18 de junio en un apartamento del barrio Chicó, en el norte de Bogotá. El ciudadano británico Foster Martinson, señalado como el agresor, ingresó al inmueble con autorización de la víctima, aunque —según el ente acusador— habría registrado un nombre distinto al suyo en el libro de visitantes del edificio.

La reconstrucción de hechos elaborada por la Fiscalía indica que Martinson permaneció cerca de tres horas dentro del apartamento. Antes de salir, presuntamente cambió la ropa que llevaba, arrojó las prendas al ducto de basuras y se llevó el teléfono celular de Natalia Villalba, con el propósito —según la investigación— de impedir que las autoridades establecieran el vínculo entre ambos.

Con los elementos materiales probatorios recopilados, la Fiscalía imputó a Martinson los delitos de feminicidio agravado y destrucción, supresión u ocultamiento de elemento material probatorio. Un juez de control de garantías ordenó su reclusión en uno de los pabellones de la cárcel La Picota, en Bogotá, donde permanece mientras continúa el proceso judicial.

El móvil que sostiene la Fiscalía apunta a una presunta obsesión y celos de parte del procesado hacia la víctima.

Los detalles cuentan la historia. Un nombre falso en el libro de visitantes, ropa desechada en el ducto, un teléfono sustraído: cada uno de esos gestos, según la reconstrucción fiscal, habla de un intento deliberado de borrar rastros. Que la necropsia haya corregido la versión inicial sobre el desmembramiento no atenúa la brutalidad que sí documenta: golpes repetidos, huesos fracturados, una muerte que el informe forense mide en lesiones contadas.

Para Hemisferio, el caso subraya algo que va más allá del hecho puntual. La justicia colombiana enfrenta aquí una prueba de solidez institucional: un procesado extranjero, evidencia forense detallada y una imputación por feminicidio agravado que deberá sostenerse en juicio. La ciudadanía —y la familia de Natalia Villalba— tiene derecho a esperar que el aparato judicial cumpla su función sin dilaciones ni fisuras. El expediente está construido; ahora le toca al proceso.

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