Las autoridades capturaron a 13 presuntos integrantes de una red transnacional de tráfico de drogas que, según la investigación, operaba al servicio de Los Pachenca y enviaba estupefacientes hacia Centroamérica con destino a Estados Unidos y Europa.
La ofensiva se ejecutó en el operativo Nuevo Horizonte II, con participación de la Armada, el Ejército, la Fuerza Aeroespacial Colombiana, la Policía Nacional y la Fiscalía General de la Nación. Los allanamientos se realizaron en Riohacha, Manaure, Maicao y Uribia, en La Guajira, y en Palmitos, en Sucre.
De acuerdo con las autoridades, la red presuntamente presionaba a integrantes de comunidades indígenas Wayúu para sumarlos a sus actividades ilícitas. La investigación habla de amenazas e intimidaciones para obligar a comuneros a colaborar en tareas como el almacenamiento de cocaína, el transporte terrestre por trochas y el apoyo en maniobras de embarque marítimo.
El caso vuelve a poner el foco sobre una realidad que el Estado conoce desde hace tiempo: cuando el crimen organizado logra infiltrar territorios apartados, no solo mueve droga, también erosiona la autoridad, captura rutas y somete a comunidades enteras a la lógica de la violencia. En este expediente, la trastienda es clara: la banda necesitaba control territorial para sostener una operación que, según la investigación, conectaba La Guajira con República Dominicana, Puerto Rico, otras islas del Caribe, varios países de Centroamérica y, al final de la ruta, Estados Unidos y Europa.
Entre los capturados figura Manuel Teodoro Weeber Castañeda, alias Isen, a quien las investigaciones de inteligencia naval y de la Policía señalan como el máximo cabecilla de la estructura, encargado de articular la logística del narcotráfico desde el norte de Colombia. También fueron detenidos Wenceslao Luis Weeber Castañeda, alias Wences o Chaco; Silvestre Iguarán Iguarán, alias Chivato; Heimer Weeber Flórez, alias Pirulo; Héctor Iguarán, alias Jashan; Edicto Segundo Castañeda, alias Cóndor, y ocho presuntos coordinadores logísticos identificados con los alias de Merche, Merchirrudo, Loro, Ciego, Enano, Cochino, Burro y Ranger.
Las autoridades sostienen que con estas capturas se neutralizó la principal plataforma logística marítima que utilizaban Los Pachenca en el Caribe colombiano. Si esa afirmación se sostiene en el tiempo, el desenlace sería una señal importante para la seguridad en la región: menos capacidad de presión sobre comunidades vulnerables y menos margen para una red que hizo de la geografía un negocio criminal.
También queda una lección de fondo para el país: donde el Estado no consolida presencia efectiva, aparece la economía ilegal con su propio orden, sus amenazas y sus incentivos. En esa zona gris, los costos los pagan primero las familias locales y después toda la sociedad que termina financiando, con inseguridad y descomposición institucional, el precio de no haber cerrado antes esos corredores del delito.



