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Gaza en llamas, plan de paz en duda

Israel intensificó sus bombardeos sobre Gaza días después de que Trump anunciara el acuerdo de desarme de Hamas, elevando el total de muertos palestinos a 73,000 según el Ministerio de Salud de Gaza y poniendo en entredicho la hoja de ruta de paz más ambiciosa de la administración Rubio-Trump.
Imagen ilustrativa
martes 4 de agosto de 2026

Para entender el presente hay que volver a esa semana.

El viernes, Donald Trump declaró que Israel estaba «muy feliz» con el acuerdo y lo calificó de «un gran paso para el Medio Oriente». Cuarenta y ocho horas después, aviones israelíes bombardeaban Gaza con una intensidad que los propios funcionarios palestinos describieron como inusitada. Los detalles cuentan la historia.

Los ataques del fin de semana mataron al menos a 25 personas, según autoridades sanitarias palestinas. Entre las víctimas: cuatro personas en Deir al-Balah, una pareja y su hijo de 9 años en Mawasi, otra pareja con su hijo en un apartamento de Gaza City. El ejército israelí sostuvo que los ataques en Deir al-Balah apuntaban a dos comandantes de Hamas y que los de Gaza City y Jabalia tenían como blanco «operativos militares».

El contexto es este: Israel y Hamas firmaron en octubre de 2025 el plan de paz de 20 puntos impulsado por Trump. Ese acuerdo contemplaba un alto al fuego, la retirada progresiva de las fuerzas israelíes y un camino —rechazado sistemáticamente por el gobierno de Netanyahu— hacia la creación de un Estado palestino. Hamas había condicionado su desarme a que Israel se retirara a la llamada Línea Amarilla y cesara los ataques. Ninguna de las dos condiciones se ha cumplido.

Desde la firma del cese al fuego en octubre, el número de palestinos muertos ha pasado de más de 67,000 a 73,000, según el Ministerio de Salud de Gaza. Julio fue el mes más letal del año para los palestinos en el enclave, con más de 150 fallecidos. Casi todos los ataques recientes se han concentrado en el oeste de Gaza, donde reside la casi totalidad de los dos millones de habitantes del territorio, según el portavoz adjunto de la ONU, Farhan Haq. Israel también destruyó al menos 1,500 edificios en zonas bajo su control tras el cese al fuego, de acuerdo con un informe de BBC Verify de noviembre.

La escena lo dice todo: mientras Trump anunciaba el avance diplomático, el primer ministro Benjamin Netanyahu guardaba silencio público. No ha respondido al anuncio presidencial hasta el martes. En cambio, sus ministros hablaron con claridad. El ministro de Energía, Eli Cohen, declaró a la Radio del Ejército israelí que era «muy escéptico» de que Hamas se desarmara y afirmó que Israel no había acordado detener los ataques. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y la ministra de Asentamientos, Orit Strouk, enviaron una carta formal a Netanyahu exigiendo que convocara el gabinete de seguridad para bloquear el ingreso de la Fuerza Internacional de Estabilización a Gaza. El legislador del Likud Amit Halevi fue más directo: «Pueden envolver el pescado de mañana con este acuerdo; no tiene ningún significado. Ni un solo soldado se moverá de Beit Hanoun ni de Khan Younis», dijo a la cadena Kan, según CNN.

Nickolay Mladenov, enviado principal del Consejo de Paz liderado por Estados Unidos, se reunió el lunes con Netanyahu en Israel y, según reportes, le instó a detener los ataques. La respuesta oficial israelí fue inequívoca: «Israel no se retirará de la línea actual en la Franja de Gaza y continuará frustrando cualquier amenaza a nuestros civiles y soldados», dijo un funcionario israelí a los medios locales tras el encuentro. El portavoz de la oficina de Netanyahu, Doron Spielman, añadió ante Reuters que «nada puede ocurrir antes de que Hamas se desarme completa y verdaderamente».

Israel ha expandido su control a casi el 70% del territorio desde el cese al fuego, según la fuente. La hoja de ruta publicada el viernes por el Consejo de Paz prevé la transferencia de funciones civiles y de seguridad de Gaza a un comité tecnocrático, el despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización y la reconstrucción del enclave.

Netanyahu navega entre dos corrientes que se oponen con igual fuerza: no perder el respaldo de Washington —el aliado más poderoso de Israel— y no romper con los socios de extrema derecha de su coalición, de cuyo apoyo depende su supervivencia política antes de las elecciones previstas para finales de octubre.

Para Hemisferio, el cuadro es más amplio que una disputa táctica. La política exterior de Marco Rubio y la apuesta personal de Trump por este acuerdo representan el esfuerzo más serio en años por estabilizar una región que ha costado vidas y capital político a Occidente. Que un aliado receptor de garantías de seguridad estadounidenses pueda ignorar públicamente un anuncio presidencial sin consecuencias visibles plantea una pregunta incómoda sobre el peso real de la palabra de Washington. El libre mercado, la inversión y la reconstrucción que el plan promete para Gaza no pueden prosperar mientras los bombardeos continúen. La trastienda de este acuerdo revela que la voluntad de Trump choca, por ahora, con la aritmética política de Jerusalén.

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