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Gaona defiende seguir en la ONU y evita romper con el sistema

El embajador colombiano sostuvo que salir de Naciones Unidas sería dejar el cuarto donde se decide el destino de la humanidad. También dijo que la comunidad internacional hoy ve al país con más profesionalismo y claridad.
lunes 28 de septiembre de 2026

Después de la Asamblea General de Naciones Unidas, Mauricio Gaona dejó una señal clara: Colombia no debería salir del organismo, aunque el debate haya estado sobre la mesa desde la campaña de Abelardo de la Espriella. La escena lo dice todo. En vez de empujar una ruptura, el embajador defendió reformas profundas y urgentes para hacer más efectivo un sistema que, según él, sigue operando con un marco jurídico del siglo XX.

Gaona habló en entrevista con El Tiempo y hizo un balance positivo de la participación colombiana en el evento de Nueva York. Dijo que el discurso de Restrepo, en nombre del presidente Abelardo de la Espriella, tuvo una crítica muy efectiva, compartida por pensadores dentro del sistema y por varias naciones que ven a Naciones Unidas como un organismo irremplazable. Pero añadió que ese organismo necesita reformas profundas, inmediatas, para llegar a resultados concretos y evitar muchos de los lamentos que tiene la humanidad.

El embajador aseguró que, con respecto al gobierno anterior, la comunidad internacional cambió su percepción de Colombia en términos de «profesionalismo y claridad». La frase importa porque marca el tono del giro diplomático que intenta exhibir el nuevo gobierno: menos ruido, más disciplina institucional.

En campaña, Abelardo de la Espriella prometió salirse de Naciones Unidas, posición que después ha matizado. Durante la Asamblea General, sin embargo, la delegación fue crítica del sistema. Gaona sostuvo que la crítica del presidente no es la destrucción del sistema, sino la modernización de una estructura que, a su juicio, sigue anclada en reglas del siglo XX.

También insistió en que las pocas reformas hechas no han evitado varios de los conflictos a los que se enfrenta la humanidad en materia de seguridad y paz. Para respaldar esa idea, recordó que Colombia tiene la población de refugiados más grande del continente, en referencia a quienes han huido de la crisis política, social y económica en Venezuela.

Otro de los ejes de su mensaje fue la politización de los derechos humanos, un tema que ha cuestionado De la Espriella. Gaona dijo que no se puede usar los derechos humanos para justificar unas cosas y para criticar otras, y remató con una advertencia: la politización del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos no le conviene a nadie.

En el mismo hilo, el embajador habló de la reforma del Consejo de Seguridad, el único órgano de la ONU con facultades para autorizar operaciones militares o imponer sanciones económicas. Ese consejo tiene cinco miembros permanentes con poder de veto: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China. Gaona afirmó que hay consenso sobre la necesidad de incorporar otras regiones del mundo que no se sienten representadas. Más allá del veto, dijo, siempre se van a necesitar nueve votos.

Sobre el sistema de Naciones Unidas, Gaona fue explícito: nadie está pensando en eliminarlo. Y dejó otra frase que resumió el momento político: «Salirse de Naciones Unidas es salirse del cuarto donde se decide el destino de la humanidad». Añadió que eso no parece viable para ningún país y que existe una mejor forma de resolver los problemas.

También abordó la posición de Colombia frente al regreso de la democracia en Venezuela. No dio detalles y dijo que es un tema muy dinámico, en pleno progreso. Señaló que la posición del presidente se ha mantenido y ha sido muy clara, y que el Gobierno Nacional se pronunciará en su momento.

En otro tramo, se refirió a los cuestionamientos de Estados Unidos contra la Corte Penal Internacional, país cuya política exterior ha sido seguida por el Gobierno. Gaona dijo que preocupa que las cortes tengan una ideología determinada y que se haga una interpretación política del derecho. La preocupación, formulada así, apunta al corazón de cualquier sistema jurídico: cuando la ley se vuelve herramienta de poder, la seguridad jurídica se debilita.

La escena deja una lectura de fondo para Colombia. El gobierno de Abelardo de la Espriella parece querer proyectar orden y profesionalismo en la escena internacional, pero el verdadero examen será si esa postura se traduce en instituciones más sólidas y menos expuestas a la improvisación política. La diplomacia no se mide por la cantidad de gestos, sino por la capacidad de defender reglas previsibles.

Y ahí está el giro que importa: si la ONU necesita reformas, la crítica tiene sentido solo si apunta a mejorar su funcionamiento, no a convertirla en otro campo de batalla ideológica. Para un país con la carga humanitaria y regional que Colombia arrastra, preservar canales, reglas y pesos institucionales no es un lujo; es una necesidad de Estado.

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