La escena lo dice todo. El viernes 24 de julio, con las urnas electrónicas todavía abiertas en la plataforma UParticipa, la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile vivía una jornada atípica: de 348 académicos habilitados para votar, 335 lo hicieron. Una participación del 96,26% que los propios organizadores calificaron de récord.
Al cierre del escrutinio, Gabriel Hernández Paulsen, profesor titular del Departamento de Derecho Privado, se había impuesto sobre la profesora Renée Rivero Hurtado con el 53,71% de los votos ponderados —equivalentes a 108,5 sufragios— frente al 46,29% de su contendora, es decir, 93,5 votos. Se registraron además cuatro votos ponderados en blanco y 2,5 nulos.
La Junta Electoral Local, encabezada por el vicedecano subrogante Francisco Agüero e integrada por los profesores Patricio Rosas, Ernesto Vásquez y Jaime Jara, ratificó los resultados ante la comunidad académica y cerró así un proceso que había llegado a segunda vuelta, señal inequívoca de una disputa reñida desde el primer turno.
Minutos después de conocido el resultado, el decano saliente, Pablo Ruiz-Tagle, recibió en su oficina tanto al decano electo como a Rivero Hurtado. La reunión, breve y sin declaraciones públicas desde ese despacho, marcó el inicio formal de la transición.
Hernández no tardó en fijar el tono de lo que viene. «Desde hoy comenzamos a construir unidos la Facultad de las próximas décadas», declaró el futuro decano. «Este resultado es fruto de meses de diálogo, escucha activa y construcción colectiva junto a académicas, académicos, estudiantes y funcionarios de toda nuestra Facultad. Entendemos este apoyo como un mandato claro para consolidar una comunidad de excelencia, donde primen el buen trato, el apoyo a la carrera académica, la modernización y una profunda vocación de servicio público al país.»
El traspaso oficial de mando está fijado para el lunes 31 de agosto, fecha en que Hernández asumirá formalmente el cargo y comenzará su período 2026-2030 al frente de la facultad de Derecho más antigua e influyente de Chile.
Los detalles cuentan la historia. Una participación de casi el cien por ciento del claustro no es un dato administrativo: es una señal de que la comunidad académica percibía la elección como algo que valía la pena disputar. El margen final —poco más de siete puntos porcentuales— confirma que la contienda fue genuina, no una formalidad.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. La Facultad de Derecho de la Universidad de Chile forma a una porción significativa de los abogados y jueces que operan el sistema jurídico del país. Quién la conduce, con qué visión de la carrera académica y del servicio público, importa más allá de los claustros. Hernández llega con un mandato estrecho en votos pero amplio en legitimidad de proceso: difícilmente una elección con 96% de participación puede ser cuestionada en sus formas. El desafío, ahora, es traducir ese capital inicial en una gestión que consolide la excelencia académica y la utilidad institucional que la propia casa de estudios se exige. La comunidad votó; el trabajo empieza el 31 de agosto.



