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EU quiere un México soberano, pero la prueba sigue siendo acabar con los cárteles

Ronald Johnson puso sobre la mesa una cooperación que Washington presenta como beneficiosa para ambos países, en seguridad, comercio y flujo de personas. El reto es que ese discurso se traduzca en resultados duraderos y no solo en un mensaje diplomático.
jueves 24 de septiembre de 2026

La escena lo dice todo. En la inauguración de la 5.ª Convención Binacional de la American Society of Mexico, Ronald Johnson aseguró que Estados Unidos quiere ver a México «soberano», «sin interferencia exterior» y también libre de organizaciones y cárteles.

El embajador de Estados Unidos en México vinculó esa postura con una idea sencilla: «Si a México le va bien, es bueno para Estados Unidos». Bajo esa lógica, dijo que la relación bilateral se sostiene en vínculos históricos, comerciales y productivos, y destacó los buenos términos de la relación bajo las palabras del presidente Donald Trump.

Johnson citó a Trump al decir: «Mantenemos una muy buena relación con el gobierno mexicano, ellos tampoco quieren a los cárteles». En ese mismo mensaje, resaltó resultados de la cooperación entre ambos países en seguridad y combate al crimen organizado y al tráfico de armas.

Entre las cifras que presentó, afirmó que en México el fentanilo y otras drogas «se han reducido de manera significativa» desde que la presidenta Sheinbaum tomó el poder, y que esas cifras equivalen a «35 mil vidas al año» que se han salvado. También dijo que se han confiscado más de 50 mil armas de fuego antes de que lleguen a México y que algunos de los 10 fugitivos más buscados del FBI han sido conferidos.

La relación económica apareció como el otro gran eje del mensaje. Johnson dijo que la relación comercial de casi un billón de dólares al año refleja la integración entre ambos países. Añadió que en la industria turística llegan a México 720 mil vuelos comerciales cada año y que el flujo de cruceros alcanza un total de 40 millones de visitas de ciudadanos americanos anualmente.

El diplomático fue más allá al subrayar el peso humano de ese intercambio. Dijo que, si se suman los visitantes y los ciudadanos americanos que viven en México, existe una población equivalente a 15 estados de la Unión Americana. «Compartimos más que una frontera de 2 mil kilómetros, compartimos oportunidades», afirmó.

Larry Rubin, presidente de la AmSoc, reconoció la apertura al diálogo del embajador y comparó el momento actual con 1942, cuando nació la asociación. Dijo que hoy también es un momento complejo para México y para Estados Unidos, marcado por la seguridad y el crimen organizado, y sostuvo que no deben permitir que esos factores definan la relación.

Rubin insistió en que el crimen organizado transnacional, el tráfico de armas y la violencia requieren cooperación, responsabilidad compartida y respeto a la soberanía de cada país. Su mensaje reforzó la misma idea de fondo: la relación bilateral no puede leerse solo como comercio, sino como una disputa permanente por el orden y la seguridad en ambos lados de la frontera.

Para entender el presente hay que volver a esa semana en que Washington y la embajada en México eligieron hablar en el lenguaje de la soberanía y la cooperación. Pero el punto decisivo no está en la retórica. Está en si el aparato estatal de ambos países logra cortar de verdad la red de drogas, armas y violencia que sigue drenando recursos, debilitando la libertad de comercio y castigando a las familias.

Desde esta casa, el ángulo es claro: cuando se habla de cooperación bilateral, el examen no es el protocolo, sino el resultado. Si la coordinación sirve para proteger a los ciudadanos, el comercio y el derecho a vivir sin el dominio de los cárteles, entonces habrá valido la pena. Si se queda en una declaración más, el costo seguirá cayendo sobre quienes pagan impuestos, producen y esperan un Estado capaz de imponer orden.

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