La escena lo dice todo. Un viaje oficial a Estados Unidos, previsto para el domingo 20, terminó trabado por el tiempo, los papeles y las explicaciones cruzadas en la trastienda del Senado y la Cancillería.
Daniel Núñez, senador del PC, iba a integrarse a una cumbre de la Unión Interparlamentaria Internacional en paralelo a la Asamblea General de Naciones Unidas. Pero su nombre apareció en la lista recién en la semana del 7 al 13 de septiembre, cuando Yasna Provoste, jefa del Comité Unido, lo designó en reemplazo de Francisco Huenchumilla, quien había avisado antes que no asistiría.
Para entonces, Núñez ya estaba contra el tiempo. No tenía visa oficial para viajar a Estados Unidos ni pasaporte diplomático, un documento que varios legisladores sacan al inicio de su mandato en forma preventiva y que sirve también para tramitar visas de otros países.
El jefe de la Unidad de Asuntos Internacionales del Senado, Juan Oses, se contactó con él y lo acompañó el lunes 14 de septiembre a la Cancillería para iniciar el trámite del pasaporte diplomático. Allí, según el relato, se encontró con Carvajal, cuyo pasaporte estaba próximo a vencer. Ella, sin embargo, ya contaba con la visa para autoridades otorgada por Estados Unidos.
El problema no quedó ahí. El Ministerio de Relaciones Exteriores se tomó un par de días para emitir los pasaportes. Según la versión de Cancillería, fueron entregados el miércoles 16 de septiembre, cerca del mediodía, en vísperas de Fiestas Patrias. Algunas fuentes del Senado sostienen, en cambio, que llegaron el jueves 17, cuando los servicios públicos ya funcionaban solo hasta el mediodía.
Con ese calendario, el margen para obtener la visa era mínimo. Según una de las versiones que circulan en el Senado, funcionarios de la Unidad de Asuntos Internacionales le advirtieron a Núñez que, con el fin de semana largo encima, era muy complejo conseguirla antes del viaje. En esa misma institución reconocen que, por lo general, el gobierno norteamericano es diligente para tramitar este tipo de visas, gracias a una comunicación fluida entre los funcionarios encargados. Pero Fiestas Patrias complicaba todo.
Aun así, la versión del desenlace sigue en disputa. Núñez sostuvo que las gestiones se hicieron con apoyo de funcionarios del Senado y afirmó que la visa sí fue requerida. Por eso pidió un sumario. «Considero inaceptable que el comunicado de la Mesa del Senado omita las actuaciones y comunicaciones. Afirmar que no se presentó documentación ante la embajada no resuelve las preguntas sobre la gestión de este viaje oficial ni sobre el compromiso de tramitar los documentos necesarios», dijo.
La Mesa del Senado, presidida de forma subrogante por Iván Moreira, respondió que ese apoyo nunca se tradujo en el envío de una solicitud de visa a la embajada estadounidense. Brandon Judd, embajador de Estados Unidos, también negó que su gobierno hubiera rechazado el ingreso del legislador. «Estados Unidos nunca tuvo la oportunidad de otorgar o negar una visa porque nunca recibió una solicitud», dijo.
El giro político llegó enseguida. Núñez escribió en X: «Embajada de EE. UU. debe explicar por qué me negó visa para asistir a cita de Unión Interparlamentaria. Es inaceptable un veto a un senador comunista. Trump debe respetar la democracia chilena y autoridades que elige el pueblo. ¿Qué más vendrá con el Escudo de Las Américas?». En su respaldo, Luis Cuello pidió al gobierno una nota de protesta.
La directiva del PC fue más lejos y acusó «intervencionismo sobre el Parlamento chileno» y una afectación a la soberanía nacional. Yasna Provoste, por su parte, pidió aclarar si hubo un trato discriminatorio o irregular.
El desenlace, por ahora, no habla de un veto formal comprobado, sino de un Estado que llegó tarde, con trámites apurados y versiones incompatibles. Y ahí está la lección que importa: cuando la burocracia se impone al calendario y la coordinación falla, el costo no lo paga el aparato estatal; lo paga la representación política y, al final, la credibilidad de las instituciones.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. La discusión no es solo sobre una visa. También es sobre orden administrativo, responsabilidad y la seriedad con que el Senado y la Cancillería manejan un viaje oficial. Si hubo omisiones, deben aclararse. Si no hubo solicitud, también. En cualquiera de los casos, el episodio deja a la vista que los contribuyentes terminan financiando una maquinaria que, cuando se enreda, convierte una gestión diplomática en una polémica nacional.



