En una edición especial de Con los de Casa, David Aponte, Maite Azuela y Angélica Navarrete recorrieron algunos de los episodios que han marcado los 110 años de EL UNIVERSAL. Entre ellos, uno sigue llamando la atención por el hueco que dejó en la hemeroteca: del 29 de marzo al 18 de abril de 1917 no hay ejemplares impresos del periódico.
Angélica Navarrete, coordinadora de la Hemeroteca y del Archivo Fotográfico del diario, lo explicó con una frase seca: «Si alguien viene y nos pide justamente el periódico del 29 de marzo al 18 de abril de 1917, pues no se lo vamos a poder mostrar porque no existe».
La ausencia no fue casual. Ocurrió después de que el medio publicara un texto en el que cuestionó los abusos y excesos cometidos por integrantes del Ejército. En ese momento, México vivía las consecuencias de la Revolución Mexicana y los militares habían adquirido una presencia y un poder importantes, además de que se les atribuían abusos hacia la ciudadanía.
En ese contexto apareció el artículo «La prerrogativa de la brutalidad», que cuestionó los excesos y abusos atribuidos a integrantes del sector militar. Tras esa publicación, el general Benjamín Hill ordenó el cierre del periódico, según la reconstrucción presentada por el diario.
El conflicto también derivó en la detención de Félix Fulgencio Palavicini, fundador de EL UNIVERSAL. A partir de ahí, el periódico detuvo sus labores el 29 de marzo.
La defensa jurídica del diario sostuvo entonces que se trataba de una labor de denuncia frente a los abusos de los militares. Un juez determinó que las publicaciones estaban dentro de esa labor de denuncia, por lo que la edición impresa retomó su circulación mientras el proceso legal seguía su curso.
EL UNIVERSAL volvió a circular el 18 de abril de 1917, aunque el conflicto legal continuó durante varios meses más. Más de un siglo después, ese tramo vacío sigue siendo uno de los pocos momentos en los que la colección histórica del periódico presenta una ausencia de ejemplares.
La escena lo dice todo. Un periódico detenido por órdenes militares y un archivo con 19 días en blanco dicen más que cualquier discurso sobre tolerancia al disenso. Cuando el poder decide castigar una publicación por incomodarlo, lo que está en juego no es solo una portada: es el derecho de la sociedad a recibir información y el deber de las instituciones de no aplastar la crítica.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. No porque el pasado se repita de manera mecánica, sino porque deja una lección clara: cuando el aparato de fuerza se impone sobre la prensa, pierde la libertad de expresión y gana la arbitrariedad. Los detalles cuentan la historia, y aquí cuentan una historia incómoda para cualquier autoridad que crea que el silencio impuesto es una forma legítima de orden.


