La escena lo dice todo. Una familia lleva cinco años atrapada en su propia casa, rodeada de criaturas desconocidas y una lluvia que no cesa, y en el momento en que podría destruir a su captor, elige no hacerlo. Ese instante define el tono de The Last House, el nuevo largometraje de Netflix dirigido por Louis Leterrier y escrito por Matthew Robinson.
La película sigue a la familia Delgado: el padre Jason, interpretado por Wagner Moura; la madre Riley, a cargo de Greta Lee; y sus dos hijos. Un día cualquiera, sin advertencia previa, las puertas y ventanas de su hogar quedan selladas por una lluvia misteriosa e interminable. No son los únicos: todos en el vecindario se encuentran en la misma situación. El alcance real del fenómeno permanece sin respuesta.
Los detalles cuentan la historia. Robinson ha explicado que la idea surgió hace dos años, mientras recogía los juguetes de su hijo pequeño. «Tomé unos binoculares de plástico», relató el guionista. «Tuve el pensamiento: ¿y si un día necesitara estos binoculares para sobrevivir?» De ese momento nació la premisa: ¿qué se puede hacer solo con lo que ya tienes en casa?
La respuesta, en el caso de Jason, resulta ser bastante. Su formación como ingeniero le permite construir una trampa en la chimenea para conseguir carne, y plantar vegetales bajo el suelo de madera. Ese ingenio casero sostiene a los cuatro durante un período que Robinson cifra en cinco años. La autosuficiencia, el trabajo metódico y la cohesión familiar son los verdaderos protagonistas de la primera mitad del filme.
Las criaturas que mantienen a la familia confinada permanecen deliberadamente sin nombre ni explicación científica. Robinson ha señalado que siempre las llamaron «las criaturas» durante el rodaje, y que prefirió mantener al espectador tan desorientado como a los propios Delgado. La película abre con una cita del escritor Arthur C. Clarke: «Qué inapropiado llamar a este planeta Tierra, cuando claramente es Océano», lo que sugiere un origen marino para los seres. «Siempre me ha fascinado que gran parte de nuestra Tierra esté completamente inexplorada», explicó Robinson. «¿Para qué ir a Marte si apenas conocemos el fondo de nuestro propio mar?»
El desenlace llega cuando las criaturas, después de años de ignorar a la familia, deciden entrar en la casa. Robinson ofrece dos lecturas posibles: curiosidad ante unos supervivientes que no deberían existir, o la decisión de terminar lo que empezaron. Lo que sigue es una secuencia de acción en la que los Delgado, armados con objetos cotidianos convertidos en armas, logran atrapar a la criatura con un arpón. Tienen la oportunidad de matarla. No lo hacen.
Ese gesto de clemencia es el pivote moral de la película. Según Robinson, «al concederle paz y comprensión, creo que quiso reciprocarlo». La criatura abandona la casa sin sellarla de nuevo: por primera vez en cinco años, la familia puede salir. La lluvia se detiene. La casa, cuya cimentación llevaba años hundiéndose, colapsa. Las criaturas desaparecen en el hoyo que deja la estructura.
Los Delgado consiguen un bote, lo bautizan con el nombre de su perra Cassidy, fallecida durante el encierro, y parten hacia lo desconocido enviando un mensaje de radio. En pantalla aparece «Día 1». Alguien responde con un «¿Hola?» antes del corte a negro.
Para entender el presente hay que volver a esa semana en que Robinson recogía juguetes y se hizo una pregunta aparentemente trivial. El resultado es una película que, sin pretenderlo, articula algo más profundo que el género de supervivencia: la idea de que la familia como unidad productiva y afectiva es, en sí misma, una tecnología de resistencia. Jason no sobrevive gracias al Estado ni a la ayuda externa; sobrevive gracias a su ingenio, a los recursos que ya tenía y a cuatro personas que deciden actuar juntas.
En un momento cultural en que el encierro colectivo sigue siendo memoria reciente, The Last House propone que la respuesta al caos no es la dependencia sino la inventiva, y que la empatía —incluso hacia lo incomprensible— puede ser más eficaz que la destrucción. Hemisferio no suele encontrar esa lección en las plataformas de streaming. Esta vez sí.



