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El torito que se llevó diez vidas en Temascalcingo

Una explosión de pirotecnia durante una fiesta patronal en el Estado de México dejó al menos diez muertos y 64 heridos, y reabre la pregunta sobre los controles al material almacenado en espacios religiosos.
Imagen generada con IA
lunes 7 de septiembre de 2026

La escena lo dice todo: la plaza de Santa María Canchesdá, en el municipio de Temascalcingo, amaneció este domingo acordonada, con paredes derrumbadas, juegos mecánicos destrozados y escombros donde apenas horas antes cientos de vecinos celebraban a Nuestra Señora de la Luz.

La noche del sábado, mientras se quemaba el «torito» —una armazón de caña y madera cargada de fuegos artificiales que los propios vecinos cargan por las calles—, explotó material pirotécnico que estaba almacenado en un espacio de la parroquia usado como bodega. El resultado, según el comunicado oficial del gobierno del Estado de México con corte a las 09.30 horas de este domingo: al menos diez personas muertas y 64 heridas, trasladadas a distintas unidades médicas para recibir atención especializada.

Los detalles cuentan la historia. Los videos difundidos por medios locales muestran una fuerte explosión que hizo que el fuego se alzara sobre la plaza del pueblo, obligando a los asistentes a huir de las llamas. La detonación provocó el desplome de paredes y destruyó locales cercanos, cuyos escombros habrían aplastado a numerosos asistentes, de acuerdo con el Diario de Morelos.

Marisol Urzúa, vecina de 39 años, relató a la agencia AFP la secuencia desde su propia casa: «Escuchamos el estallido y (...) la gente empezó a gritar», dijo, y describió después cómo vio «a la gente cómo corría con sus heridos». Su vivienda también sufrió daños: «Se rezumbó la casa, se rompieron los vidrios de la entrada y se cayó parte del techo», agregó.

La respuesta institucional llegó por distintos canales. El gobierno estatal informó que, desde el primer reporte, la Coordinación General de Protección Civil y Gestión Integral del Riesgo actuó en conjunto con autoridades municipales, estatales, federales y las Fuerzas Armadas para atender la emergencia. Bomberos y cuerpos de emergencia acudieron al lugar en medio del caos y los destrozos, según constató la AFP.

La gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, expresó sus condolencias a través de redes sociales: «Les acompaño con profundo respeto y afecto en estos momentos de dolor», escribió en la red social X, donde detalló que los servicios de Urgencias del Estado de México (SUEM), Protección Civil, Bomberos de la región, la Comisión Nacional de Emergencias y la Policía Estatal trabajan para atender a los afectados.

Para entender el presente hay que volver a esa noche del sábado, cuando la fiesta convocó a más público de lo habitual, según videos publicados por lugareños. La combinación de una multitud mayor a la esperada, pirotecnia almacenada dentro de un inmueble religioso y una tradición popular —la quema del torito— que se practica desde hace generaciones, terminó en la tragedia que ahora cuentan las autoridades en cifras preliminares.

Como recordó la agencia AFP, el uso de fuegos artificiales en celebraciones populares es una antigua tradición mexicana que en ocasiones ha provocado tragedias, ya sea por estallidos descontrolados durante las fiestas o por incendios en los lugares donde se producen, habitualmente fábricas artesanales. No es, por tanto, un hecho aislado sino un patrón que se repite.

El desenlace de este domingo —diez muertos confirmados, 64 heridos y un pueblo convertido en zona de desastre— vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que rara vez se resuelve del todo en México: quién fiscaliza el almacenamiento de material pirotécnico en espacios de culto y de reunión masiva, y con qué controles reales. Las fuentes disponibles no precisan si existía algún permiso o inspección previa sobre la bodega de la parroquia, y este medio no lo afirma sin que una autoridad lo documente.

Lo que sí queda claro, a la luz de los hechos, es que la tragedia de Santa María Canchesdá se inscribe en una cadena de accidentes similares vinculados a la pirotecnia artesanal en el país. Mientras las autoridades locales, estatales y federales coordinan la atención a las víctimas, la comunidad enfrenta el duelo con la plaza del pueblo convertida, de la noche a la mañana, en una zona acordonada donde ya no quedan ni los juegos mecánicos de la feria.

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