AHORA
Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Ideas · Ensayo

El territorio sin dueño

La política argentina abandona la disputa por el centro y se repliega sobre sus propias bases. De cara a 2027, ese movimiento puede estar creando una oportunidad enorme para quien se atreva a mirar hacia el medio.
Imagen ilustrativa
sábado 15 de agosto de 2026

Para entender el presente hay que volver a esa pregunta que durante décadas ordenó las estrategias electorales en Argentina: ¿cómo se conquista al votante del medio? Durante mucho tiempo, la respuesta fue casi un axioma: primero consolidar la base, después ampliar, moderarse y seducir al independiente.

Hoy esa pregunta parece haber sido reemplazada por otra: ¿cómo hago para que los míos sean cada vez más míos?

No es un cambio menor. Es, según el análisis publicado en Infobae, una transformación en la manera de construir poder.

La teoría que ya no aplica

El politólogo Anthony Downs desarrolló en los años cincuenta una de las teorías clásicas de la competencia electoral: cuando dos grandes fuerzas se disputan el poder, tienen incentivos para acercarse al votante mediano. Si los extremos están asegurados, la elección se define en el centro.

Pero esa lógica exige una condición que hoy Argentina no cumple: que moderarse ofrezca más beneficios que costos. En un escenario de identidades políticas fragmentadas, liderazgos personalistas y pertenencias inestables, diferenciarse puede resultar más rentable que moderarse.

Javier Milei es el ejemplo más citado. Su fortaleza política no surgió de parecerse al centro del sistema, sino exactamente de lo contrario: de construir una identidad en oposición a él. La palabra «casta» fue eficaz porque trazó una frontera sencilla: de un lado nosotros, del otro ellos.

Pero el análisis advierte que sería un error atribuir esta lógica exclusivamente a La Libertad Avanza. También aparece en el peronismo, donde buena parte de la discusión interna parece concentrarse en quién representa con mayor legitimidad la identidad propia, antes que en quién tiene mayor capacidad para conquistar nuevos sectores.

La polarización como combustible

Giovanni Sartori advertía que para comprender un sistema político no alcanza con contar cuántos partidos existen: también hay que observar la distancia ideológica entre ellos. Las democracias contemporáneas agregaron otro fenómeno: la llamada polarización afectiva. Ya no se trata únicamente de pensar diferente, sino de construir una valoración negativa sobre el adversario.

Cuando una fuerza convence a su electorado de que enfrente existe una amenaza, muchas veces no necesita entusiasmarlo. Alcanza con recordarle qué ocurriría si ganara el otro. La elección se organiza entonces alrededor de identidades negativas: no voto porque me entusiasma mi candidato, sino porque rechazo al que está enfrente.

Las redes sociales potencian esa dinámica. El conflicto, la indignación y las posiciones contundentes circulan mejor que los matices. Una posición moderada necesita explicación; una posición extrema muchas veces necesita apenas una frase.

La política queda atrapada entre dos incentivos: para ampliar necesita moderarse; para diferenciarse necesita confrontar. Cada vez más, elige lo segundo.

El centro que nadie representa

Que la política deje de competir por el centro no significa que el centro haya desaparecido de la sociedad. Puede existir una enorme cantidad de ciudadanos que no se reconozcan completamente ni en el oficialismo ni en la oposición; que valoren algunas políticas y rechacen otras; que hayan cambiado su voto en los últimos años o que simplemente observen la discusión política desde una distancia creciente.

Un electorado puede existir sociológicamente y, al mismo tiempo, carecer de representación política. Los dirigentes hablan cada vez más para quienes ya están convencidos. Mientras la política se vuelve más intensa, una parte de la sociedad se vuelve más distante.

Allí puede estar una de las claves de la Argentina que viene: mientras oficialismo y oposición profundizan sus identidades, puede estar creciendo silenciosamente un territorio político sin dueño. No porque los argentinos se hayan vuelto centristas, sino porque una parte de ellos dejó de sentirse representada por una conversación que habla cada vez más fuerte, pero cada vez más hacia adentro.

La lectura de Hemisferio

La polarización tiene una lógica racional: ordena, moviliza y fideliza electorados. Un núcleo duro puede alcanzar para sobrevivir. No siempre alcanza para construir una mayoría. Y en un sistema donde el aparato estatal sigue siendo enorme y los incentivos del gasto público distorsionan cualquier coalición, la pregunta sobre quién habla con los desencantados no es solo electoral: es sobre qué modelo de país se consolida después de 2027.

La gran oportunidad de cara a esa elección puede no estar en correr todavía más los límites de la identidad propia, sino en descubrir quién vuelve a mirar hacia el medio. Ese territorio, hoy sin dueño, es el que históricamente ha decidido las mayorías.

Más de Ideas