La noticia llegó primero por redes sociales. Fue su hijo quien lo anunció, despidiéndolo como «el mejor papá del mundo» y compartiendo un poema de su autoría sobre la infancia y la memoria. Así se supo que Gustavo Adolfo Garcés, poeta colombiano nacido en Medellín en 1957, había muerto este sábado.
Los detalles cuentan la historia de un hombre que eligió la brevedad como forma de vida y como forma de arte. Abogado de la Universidad de Antioquia y magíster en Estudios Políticos de la Universidad Javeriana, Garcés combinó durante décadas el oficio de la escritura con la docencia y el servicio público. Fue profesor de literatura y ciencia política en las universidades de Antioquia, del Rosario y Javeriana de Bogotá, y se desempeñó como asesor de la Delegada para la Prevención en Materia de Derechos Humanos y Asuntos Étnicos de la Procuraduría General de la Nación, entidad de la que se pensionó.
Pero su huella más duradera es la literaria. Cofundador de la revista Gaceta de la Universidad de Antioquia y coordinador de talleres de escritura en la Casa de Poesía José Asunción Silva, Garcés perteneció a la generación de poetas medellinenses de los años setenta que gravitó en torno a José Manuel Arango, figura que marcó su sensibilidad y su estética.
Su obra publicada abarca títulos como Libro de poemas (1987), Breves días —ganador del Premio Nacional de Poesía Colcultura en 1992—, Pequeño reino (1998) y Espacios en blanco (2000), entre otros. También figuran en su bibliografía los libros Una palabra cada día y El muro blanco. Una escritura que, según quienes la frecuentaron, no buscaba el adorno sino el hueso de las cosas.
El reconocimiento institucional llegó con claridad en 2023, cuando el Festival Internacional de Poesía de Bogotá le rindió homenaje. Como parte de esa distinción, la revista Ulrika y el Instituto Caro y Cuervo publicaron la antología Intento un verso de espíritu leve, presentada el 1 de mayo de ese año en la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Con ese gesto, Garcés se sumó a una lista de homenajeados que incluye a María Mercedes Carranza, Fernando Charry Lara, Mario Rivero y el propio José Manuel Arango, figuras mayores de la poesía colombiana de la segunda mitad del siglo XX.
La Revista Malpensante fue una de las primeras voces del mundo cultural en reaccionar a su muerte. «Buscador incansable de ese silencio que resguarda la brevedad, Gustavo Adolfo Garcés, poeta colombiano, nacido en Medellín, y una de las voces más relevantes del poema corto en Colombia, ha fallecido hoy», escribió la publicación en su cuenta de Instagram. «Con sus versos exiguos ha dejado inagotables ondas de agua que siguen reverberando en la memoria de sus lectores», agregó.
La escena lo dice todo: un hijo que despide a su padre con un poema, y un mundo literario que responde con otros poemas. Hay pocas muertes que se cierren con tanta coherencia.
Hemisferio reconoce en Garcés a un intelectual que eligió el camino más difícil: el de la precisión frente a la grandilocuencia, el del verso corto frente al gesto fácil. En un país donde la cultura suele medirse por el ruido que produce, su obra fue deliberadamente silenciosa. Ese silencio, como escribió la revista Malpensante, sigue reverberando. Y eso, en literatura, es la única forma de permanencia que importa.



