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El silencio de Hollywood sobre Fauci

Mientras el exdirector del NIAID se acogía a la Quinta Enmienda ante el Senado, las estrellas que lo convirtieron en ídolo cultural prefieren que nadie recuerde sus elogios. La factura llega tarde, pero llega.
Imagen generada con IA
jueves 30 de julio de 2026

La escena lo dice todo. Anthony Fauci, exdirector del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID), sentado ante el Senado y acogido a la Quinta Enmienda para no responder preguntas. Al mismo tiempo, el senador republicano de Kentucky Rand Paul publicaba lo que denominó los «Fauci diaries». Para quienes pasaron los años del confinamiento viendo a Hollywood celebrar al doctor como un héroe de nuestro tiempo, el contraste resulta difícil de ignorar.

La industria del entretenimiento construyó un relato. Brad Pitt, en «Saturday Night Live», se puso una peluca plateada para interpretar a Fauci y aprovechó la escena para atacar al entonces presidente Donald Trump, sin que el personaje central del sketch recibiera una sola pregunta incómoda. Al final del segmento, Pitt rompió el personaje, se quitó la peluca y se dirigió directamente a Fauci: «Gracias por tu calma y tu claridad en este momento desconcertante», dijo, según recoge el columnista Christian Toto en su pieza de opinión.

No fue un caso aislado. En 2022, Stephen Colbert invitó a Fauci a «The Late Show» para que se pusiera su dosis de refuerzo en directo, animando a la audiencia a hacer lo mismo. En 2021, Jimmy Kimmel defendió al funcionario desde su tribuna en ABC: «Es un brillante servidor público al que estos monstruos ahora amenazan, acusan y calumnian», dijo sobre los republicanos que cuestionaban la gestión de Fauci. Jimmy Fallon, también en 2021, le agradeció en «The Tonight Show» haber guiado a la nación durante la pandemia. «Dios mío, estuviste ahí en cada paso del camino», le dijo.

Julia Roberts sumó su voz en mayo de 2020, durante una sesión de preguntas y respuestas en Instagram: «Verdaderamente has emergido como un héroe personal para mí. Tener aunque sea un pequeño rincón de tu tiempo es una alegría», declaró la ganadora del Óscar.

El aparato crítico institucional también hizo su parte. El documental «Fauci», producido por National Geographic en 2021, recibió un 86% de valoraciones positivas entre los críticos especializados en RottenTomatoes.com. El público general lo calificó con un 3% de aprobación en la misma plataforma. La brecha entre ambas cifras resume, con precisión aritmética, la distancia entre el consenso mediático y la percepción ciudadana.

Los detalles cuentan la historia. Mientras se pedía a los ciudadanos que comieran solos en casa, Fauci cenaba con periodistas. Mientras se instaba a no salir, se permitían las protestas por la «justicia sistémica». Las contradicciones eran visibles en tiempo real: no usar mascarilla, luego usarla; vacunarse sin considerar vulnerabilidades individuales; cerrar negocios, hundir los resultados académicos de millones de estudiantes, aislar a familias de sus enfermos terminales. Los late-night hosts las vieron, según Toto, y eligieron no encontrarles el lado cómico.

Fue un comediante independiente, Tyler Fischer, quien rompió el tabú con un video viral en el que parodiaba a Fauci pidiendo dosis de refuerzo interminables. La sátira institucional, la que vive de cuestionar al poder, miró para otro lado.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. La Quinta Enmienda, los diarios filtrados por Rand Paul, el documental con un 3% de aprobación popular: todo apunta al mismo lugar. La pregunta que Toto deja en el aire —¿habrá una disculpa colectiva de Hollywood?— tiene respuesta implícita en el propio historial de la industria: no la hubo tras la narrativa de la «colusión rusa», ni tras el episodio de los «very fine people», ni tras el apoyo al movimiento de «defund the police».

Hemisferio considera que el caso Fauci ilustra algo más amplio que un error de cálculo de famosos: es el retrato de un establishment cultural que confundió el acceso al poder con la función de fiscalizarlo. Cuando el entretenimiento renuncia a la pregunta incómoda y abraza al funcionario de turno, no solo falla como industria creativa; falla como contrapeso democrático. El dinero de los contribuyentes financió durante décadas las instituciones que Fauci dirigió. La mínima reciprocidad habría sido que quienes tenían micrófono preguntaran, en lugar de agradecer.

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