La escena lo dice todo. Mientras el Senado recibía al secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, varios legisladores de Morena y del PT ya hojeaban un libro que todavía no sale a venta general: «Pueblo», la nueva publicación de Andrés Manuel López Obrador.
El protagonista del reparto fue Alejandro González Yáñez, coordinador del Partido del Trabajo en el Senado. De acuerdo con lo que él mismo explicó, compró 20 ejemplares en una caja obtenida por medio de una persona vinculada con la Editorial Planeta. Pagó 9 mil 960 pesos, es decir, 498 pesos por cada libro.
González Yáñez dijo que entregó 19 ejemplares y conservó uno. Incluso ofreció el que le quedaba a los periodistas presentes para hacer una rifa. Más tarde, precisó que el obsequio no venía directamente de López Obrador, sino que los libros habían sido adquiridos por él.
Entre quienes recibieron un ejemplar estuvieron Ignacio Mier Velazco, coordinador de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política; Adán Augusto López Hernández; Gerardo Fernández Noroña; Verónica Camino Farjat; Lizeth Sánchez; Margarita Valdez; Higinio Martínez; Manuel Huerta Ladrón de Guevara, y Enrique Inzunza Cázarez. Mier confirmó que el libro fue un regalo de González Yáñez y agradeció el obsequio.
La distribución ocurrió antes de la fecha anunciada para la venta física en librerías, prevista para el 12 de octubre. Según las fuentes, la obra ya está en preventa y en distribución comercial mediante plataformas digitales y establecimientos especializados, pero su llegada física aún no se había dado al Senado.
«Pueblo» es la nueva publicación de López Obrador, editada por Planeta. La obra está integrada por 10 capítulos dedicados a revisar distintos periodos de la historia política de México, desde la Independencia hasta la época contemporánea. También aborda el concepto de «humanismo mexicano», planteado por el exmandatario, y funciona como complemento de su libro anterior, «Grandeza».
El propio contenido del volumen confirma el peso simbólico de la entrega. Además de repasar la historia política del país, la publicación está dedicada a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a quien López Obrador reconoce en el texto.
En la sesión legislativa, varios de los asistentes exhibieron el ejemplar ante fotógrafos y reporteros. Adán Augusto López mostró el suyo, mientras González Yáñez insistía en que los libros habían sido conseguidos por su cuenta y no eran un obsequio directo del expresidente.
El dato central, sin embargo, va más allá de la anécdota: un coordinador partidista gastó casi 10 mil pesos en una caja de libros que terminó en manos de senadores afines. En una Cámara que discute presupuestos, impuestos y gasto público, la imagen deja ver la cercanía política de la 4T, pero también una forma de acceso anticipado que solo existe cuando la red de relaciones pesa más que la regla general del mercado.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El detalle de los 9 mil 960 pesos no es menor: muestra que el producto ya circula entre protagonistas del poder antes de su llegada formal a librerías. Y eso importa porque, en política, los atajos de la trastienda suelen decir más que los discursos públicos.
La escena también deja una pregunta incómoda para cualquier lector preocupado por la rendición de cuentas: ¿quién controla realmente el acceso, el precio y el privilegio de distribución cuando el aparato político se adelanta al resto de los consumidores? Aquí no hay misterio editorial; hay una operación de cercanía, intercambio y visibilidad dentro del Senado.
La conclusión es simple. Mientras la propaganda de la 4T se presenta como lectura de nación, el hecho concreto es que un senador del PT puso dinero propio para repartir ejemplares entre aliados legislativos. No fue una política pública ni un acto institucional; fue un gesto de camaradería partidista, pagado con recursos privados, en medio de una sesión oficial.
Ese es el desenlace. En un Congreso que debería cuidar la formalidad y la igualdad de trato, la circulación adelantada de un libro político confirma cómo la influencia y las redes personales siguen abriendo puertas que el ciudadano común todavía no puede cruzar.


