La escena lo dice todo: un hombre que pasó décadas siendo celebrado como héroe descubre, al final de su vida, que la leyenda y la verdad poco tienen que ver.
Esa es la premisa de La muerte de Robin Hood, la nueva apuesta del director estadounidense Michael Sarnoski que llega a cines chilenos el próximo 20 de agosto, según confirmó la distribuidora.
Lejos del arquero jovial que roba a los ricos para repartir entre los pobres, el filme propone una reinvención oscura e íntima del personaje. Robin Hood aparece aquí envejecido, herido y perseguido por las decisiones que marcaron su vida. «Está atormentado por la percepción de ser un héroe cuando, en el fondo, sabe que no lo fue», explicó el propio Sarnoski.
El director no es un nombre desconocido para quienes siguen de cerca el cine de autor. Sarnoski llamó la atención en 2021 con Pig, un relato austero protagonizado por Nicolas Cage que desafió las expectativas del género. Más tarde demostró que podía moverse en producciones de mayor escala al dirigir Un lugar en silencio: Día uno, primera entrega de esa franquicia que no contó con los realizadores originales. Ahora prepara además la adaptación cinematográfica del videojuego Death Stranding.
Para La muerte de Robin Hood, Sarnoski convocó a Hugh Jackman en el papel protagónico. El actor australiano, conocido mundialmente por su interpretación de Wolverine durante más de dos décadas, enfrenta aquí un registro diferente: la culpa, la violencia y la posibilidad —o imposibilidad— de la redención. A su lado aparecen Jodie Comer, Bill Skarsgård, Murray Bartlett y Noah Jupe, un elenco que refuerza la apuesta por un drama de personajes antes que por el espectáculo.
La crítica especializada recibió bien la propuesta. El medio RogerEbert.com celebró que la película «nos invita a reflexionar sobre el precio de la redención» y calificó la interpretación de Jackman como «una de las versiones más interesantes del personaje de los últimos tiempos».
En Estados Unidos, la distribución estuvo a cargo de A24, el sello independiente que en los últimos años se ha convertido en referencia del cine de autor con ambición comercial, responsable de títulos como Everything Everywhere All at Once o Hereditary.
Los detalles cuentan la historia: una leyenda medieval, un director que prefiere las preguntas a las respuestas fáciles, y un estudio que apuesta por el riesgo creativo. El resultado llega a Chile con el respaldo de una recepción positiva en su mercado de origen y la promesa de un verano de pantalla grande que va más allá del blockbuster de franquicia.
Para el público latinoamericano, la fecha del 20 de agosto sitúa el estreno en plena temporada invernal, momento en que las salas suelen recuperar terreno frente al streaming. La muerte de Robin Hood llega, en ese sentido, como una apuesta de peso: nombre reconocible en cartelera, respaldo crítico y una historia que, al menos en su concepción, prefiere la incomodidad a la comodidad del mito.



