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El río que alimenta medio país

El Yaque del Norte sostiene el 42,57% del suelo agrícola dominicano y una inversión de 90 millones de dólares apuesta a su restauración. La pregunta es si el aparato estatal puede administrar ese capital sin desperdiciar la oportunidad.
Imagen ilustrativa
sábado 1 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un río de 201 kilómetros que cruza la isla La Española de cordillera a costa, y sobre cuyas aguas descansa casi la mitad del territorio dominicano dedicado a actividades agropecuarias. El Yaque del Norte no es solo geografía: es la columna vertebral de la seguridad alimentaria de República Dominicana.

Según datos divulgados por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la cuenca del Yaque del Norte sostiene el 42,57% del suelo agrícola del país. Con más de 6,000 kilómetros cuadrados, es la cuenca más extensa de la nación y el segundo río de mayor extensión en toda La Española. En sus márgenes se cultivan arroz, café, cacao, tabaco y caña de azúcar, los pilares del agro dominicano.

Los detalles cuentan la historia. El 34% del territorio de la cuenca forma parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, lo que contribuye a conservar bosques, fuentes de agua y diversidad de especies. Esa proporción no es un adorno burocrático: es el escudo natural que regula el ciclo hídrico del que dependen miles de productores rurales.

El Ministerio ha colocado la protección y restauración del Yaque del Norte en el centro de su agenda ambiental. La institución coordina acciones con otras dependencias estatales, gobiernos locales, productores, organizaciones comunitarias y la cooperación internacional. Dentro de sus programas, impulsa la recuperación de zonas de recarga hídrica y franjas ribereñas, fomenta prácticas de conservación de suelos y rehabilitación de tierras degradadas, y supervisa el cumplimiento de autorizaciones ambientales para intervenciones en cauces.

La institución también promueve el Plan Nacional de Cuencas Hidrográficas Prioritarias, el Plan Nacional de Reforestación y el Proyecto de Apoyo para la Implementación del Plan de Gestión Integrada de los Recursos Hídricos (PARGIRH), junto al Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI).

El dato más significativo en términos de inversión es el proyecto Cuencas Hidrográficas y Comunidades Resilientes al Clima (CReW-RD), que prevé una inversión de 90 millones de dólares para restaurar ecosistemas estratégicos y promover soluciones basadas en la naturaleza. La cuenca del Yaque del Norte será uno de los principales territorios de intervención. El proyecto cuenta con el respaldo del Fondo Verde para el Clima.

El Ministerio subraya que proteger el Yaque del Norte comienza mucho antes de que el agua llegue al río, en los bosques y suelos que capturan, infiltran y regulan el recurso hídrico, y en las comunidades que lo resguardan.

Para entender el presente hay que volver a esa semana en que la deforestación y el racionamiento de agua aparecieron juntos en los titulares dominicanos. No son fenómenos separados: son síntomas del mismo problema. Cuando la cubierta forestal retrocede, el suelo pierde capacidad de infiltración, la erosión avanza y los cauces se degradan. El ciclo virtuoso se convierte en espiral descendente.

Desde la línea editorial de Hemisferio, el fondo del asunto es este: los 90 millones de dólares del proyecto CReW-RD representan una oportunidad real, pero también un riesgo conocido. El dinero internacional destinado a gestión ambiental en América Latina tiene un historial mixto: cuando fluye a través de estructuras estatales poco transparentes, se diluye en burocracia antes de llegar al terreno. La verdadera prueba no será la firma del acuerdo con el Fondo Verde para el Clima, sino cuánto de esa inversión se traduce en árboles plantados, suelos recuperados y productores con agua garantizada. El Yaque del Norte alimenta a un país. Que ese país sepa administrar los recursos destinados a preservarlo es, en última instancia, una cuestión de libre empresa y de soberanía alimentaria real, no de retórica ambiental.

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