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El récord del diésel en EE. UU. presiona la cadena alimentaria y encarece la vida

El combustible superó los 6 dólares por galón por primera vez y expertos prevén que el golpe se traslade a los supermercados, los agricultores y el bolsillo de los consumidores. La factura energética vuelve a mostrar quién paga cuando suben los costos.
Imagen generada con IA
sábado 12 de septiembre de 2026

El diésel en Estados Unidos superó el viernes los 6 dólares por galón por primera vez. El promedio nacional llegó a 6.06 dólares, según la American Automobile Association, frente a 5.85 dólares la semana anterior y unos 3.71 dólares en la misma fecha del año pasado.

La suba llega en medio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, que ha alterado el flujo de petróleo. El precio del Brent, referencia clave para el diésel, trepó a 109 dólares por barril el jueves, en un contexto de mayor inestabilidad regional. Las hostilidades entre Washington y Teherán se concentran en el estrecho de Ormuz, mientras los avances de los hutíes respaldados por Irán en Yemen añaden riesgos al estrecho de Bab el-Mandeb, otra ruta clave de transporte.

Shuting Pomerleau, directora de política energética y ambiental del American Action Forum, advirtió que una interrupción sostenida del cuello de botella del mar Rojo sería «devastadora para el suministro global de energía». También dijo que los ataques ucranianos a refinerías de petróleo rusas han afectado significativamente la producción y reducido de forma importante las exportaciones diarias de diésel frente al año pasado, empujando al alza los precios mundiales.

El impacto no se limita al surtidor. Aunque solo alrededor del 3% de los autos de pasajeros en las carreteras estadounidenses usa diésel, el combustible es esencial para el transporte pesado, la construcción, la agricultura y los vehículos militares. La Administración de Información de Energía de Estados Unidos señaló que en 2025 cerca del 75% de todo el consumo de diésel en el país provino del sector transporte.

En California, el precio promedio subió a 7.98 dólares el viernes, el nivel más alto entre todos los estados. Patrick De Haan, jefe de análisis de petróleo en GasBuddy, estimó que los precios en ese estado podrían superar los 8 dólares por galón y advirtió: «Algunas bombas ni siquiera están construidas para mostrar lo que podría venir después».

La trastienda del problema está en la cadena de suministro de alimentos. El diésel es parte integral del sistema que lleva los productos hasta las góndolas. Los alimentos que requieren refrigeración y viajan largas distancias son los más expuestos a aumentos de precio. Datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos sugieren que energía, transporte y almacenamiento representan más del 7% del costo total de los alimentos. Si esos costos suben por el encarecimiento del diésel, los productos perecederos serían los más afectados.

Bernhard Dalheimer, profesor adjunto de economía alimentaria en Purdue University, explicó que las verduras, la carne y los lácteos están más expuestos a esos costos porque necesitan mucha refrigeración y recorren trayectos largos. También advirtió que los cambios pueden tardar en llegar a las góndolas porque los costos se transmiten «muy lentamente a través de la cadena alimentaria».

Cuando ese aumento se siente, golpea más a los hogares con menos ingresos. Dalheimer dijo que esas familias destinan una proporción mayor de su ingreso a la comida. Un sistema de seguimiento de costos de la Watson School of International and Public Affairs de Brown University encontró que, desde que comenzó la guerra, se ha gastado 789.75 dólares adicionales por hogar estadounidense en gasolina y diésel.

Para los agricultores, el margen se estrecha. Dalheimer los describió como «tomadores de precios», con poca capacidad para influir en el mercado. Dijo que sus márgenes están siendo presionados de forma considerable y que tienen pocas alternativas frente al mayor costo energético. Señaló que cosechadoras, tractores y camiones pesados necesitan mucha energía y que no existe una alternativa al diésel.

El resultado es claro: cuando sube el combustible, sube la factura de casi todo lo que depende de mover mercancías, enfriar alimentos o mantener en marcha la economía real. La escena lo dice todo. El problema no se queda en el surtidor; se traslada al supermercado y termina en la mesa de millones de familias.

Y ahí aparece el costo político y económico de una energía cara. La inflación cotidiana deja de ser una abstracción cuando el aparato productivo trabaja con combustible récord. Para los consumidores, el desenlace es siempre el mismo: más gasto, menos margen y una nueva presión sobre el dinero de los contribuyentes y de los hogares que ya venían cargando con un costo de vida más alto.

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